miércoles, 3 de septiembre de 2014

Buenas vibraciones


Son las que sentimos en cuanto conocimos a la Dra. Carol Queen, que nos recibió con los brazos abiertos hace pocos días frente a las puertas del Antique Vibrator Museum que dirige en San Francisco, continuando entusiásticamente la labor de su fundadora Joani Blank. Joaquín, un amigo de Málaga, nos sugirió salirnos del circuito convencional turístico para detenernos en uno de esos lugares, fuera de ruta, que merece la pena visitar. ¡Y tanto que lo merece! 

Joani Blank atesoró vibradores antiguos durante décadas. A esta colección inicial se han ido incorporando nuevas y singulares adquisiciones, encontradas en lugares tan peculiares como mercadillos o la cibertienda universal donde está todo lo que se busque que es Ebay. El resultado es una exposición en la que podemos contemplar vibradores de finales de 1800 hasta la década de 1970. Todo tipo de vibradores eléctricos, algunos de los cuales atesoran, en íntimo secreto, curiosas historias e íntimas vivencias.

El origen del vibrador eléctrico se remonta a 1869 con la invención de un masajeador de vapor patentado por un médico estadounidense. Este dispositivo, diseñado como herramienta médica, se destinó al tratamiento de "trastornos femeninos". Dos décadas después un médico británico incorporó al prototipo una batería portátil y poco después, ya en 1900, vibradores eléctricos de todo tipo, como los que podemos ver en el museo, se encontraban a disposición de los exigentes profesionales de la medicina del momento. El salto al mundo doméstico era inminente. 

Los médicos los empleaban para el tratamiento de la "histeria", un angustia de lo más común entre las mujeres de la época que se trataba con masajes genitales inductores del "¡¡paroxismo histérico!!" en el paciente. Un tratamiento que “exigía” tanto de destreza manual como de una buena cantidad de tiempo, por lo que los médicos estaban encantados con la eficiencia, la comodidad y la fiabilidad de los vibradores portátiles. El siguiente paso fue la consideración del vibrador como un electrodoméstico en revistas femeninas y catálogos de venta por correo como objeto para proferir "la salud, el vigor y la belleza de la mujer moderna, una panacea para los males que van desde los dolores de cabeza, el asma e incluso la tuberculosis”. Otro gran anuncio se jactó de haber sido "inventado por una mujer que conoce las necesidades femeninas pues se puede utilizar en la intimidad del tocador y proporcionar a cada mujer la esencia de la eterna juventud e incluso la reducción de peso". ¿Quién no se sentiría tentado a experimentar "esa deliciosa sensación emocionante, el cosquilleo de la alegría de vivir?" 

Parece de lo más absurdo, pero no es así. Porque todo el mundo tenía más que claro desde el primer momento para qué servía esta innovación tecnológica. Porque en este caso más que tecnología de uso doméstico de lo que estamos hablando es de “camuflaje tecnológico”. ¡Ya nos entendemos!




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