martes, 19 de agosto de 2014

Recto o torcido


Coincidiendo con el 45 aniversario de los disturbios de Stonewall en Nueva York el De Young Museum de San Francisco exhibe por primera vez una serie única de 75 fotografías realizadas por Anthony Friedkin. Este fotógrafo de Los Ángeles aborda en su trabajo algunas de las cuestiones sociales y culturales más importantes de la época. El De Young nos redescubre sus elocuentes y expresivas imágenes tomadas durante el agitado periodo que va de 1969 a 1973 y que nos permiten conocer algunos aspectos de la vida cotidiana en las comunidades gay de Los Ángeles y San Francisco del momento. Se trata de imágenes tomadas en calles, hoteles, bares y salas de baile que demuestran una sensibilidad y una comprensión que ha impregnado la serie con una resonancia duradera. Los retratos muestran personajes reprimidos, maltratados e incomprendidos pero con una tremenda honestidad entre ellos, con un maravilloso sentido del absurdo y pasión increíbles. Pero, seguramente también se trata de personajes que no son conscientes de la profundidad de sus sentimientos y el alcance que para generaciones futuras tendría el hecho de que actuasen conforme a lo que sentían, ajenos a la opinión de los demás o sin importarles las consecuencias que de ello se derivasen en aquella época de puritanismo. 

En contraste, y unas calles mas abajo, el Phoenix Theatre programa Pleiades, una historia acerca de la hermandad en el sentido literal y metafórico. Ambientada en 1971, en pleno auge de la segunda ola del movimiento feminista, narra la historia de siete chicas jóvenes que tratan de encontrar su lugar dentro de su familia y de un mundo cambiante. Llama la atención el enorme y a la vez opresivo peso que el qué dirán tenía todavía sobre estas mujeres y su decisión de no hacer nada que contradijese el orden y las reglas establecidas. Ser libres, salirse de la convención social, acarrearía unas consecuencias, un estigma, para que el que no estaban preparadas, plantearía un precio que no estaban dispuestas a pagar. A los que actuaron así, sin duda alguna, no les debemos nada, porque nada lograron. 

Por eso emociona observar las vidas de las personas que decidieron o tuvieron que luchar contra las actitudes rectas de una sociedad que no les consideraba normales, cuando no enfermos, o una amenaza general contra la cultura establecida. Ocurrió en gran medida con los negros por parte de la blancos, con los homosexuales por parte de algunos heterosexuales, o a las mujeres que decidieron emanciparse y ser libres del destino preestablecido, con todos los prejuicios y temores inherentes. Es cierto que no podemos separarnos totalmente de la sociedad que nos rodea. Pero gracias a estas personas que evolucionan en paralelo a las normas establecidas nuestra sociedad ha sido y es más diversa. A ellos, sin duda, les estamos agradecidos.




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