domingo, 5 de enero de 2014

Fratelli e sorelle: el secreto


A la hora de conocer una ciudad es habitual que la gran historia surja a nuestro encuentro. Así, los palacios y las iglesias monumentales, las grandes avenidas y los edificios cívicos más representativos nos presentan la historia con mayúsculas, la que identificamos con los prohombres que marcaron con sus grandes gestas el devenir del lugar.

Sin embargo, cada vez es más frecuente que la pequeña historia cotidiana se presente también ante nosotros, ayudándonos a entender la idiosincrasia de las gentes que allí viven. Es, en cualquier caso, una historia alejada de la grandes rutas de los grupos organizados de turistas, solo reservada a los viajeros impenitentes sin prisas.

Margherita y Nadia, dos napolitanas de espíritu inconformista, nos invitaron a un viaje a través del tiempo por las profundidades del subsuelo oculto de su ciudad. Tras descender cuarenta metros bajo el convento de monjas de clausura de San Gregorio Armeno, llegamos a un recinto excavado en la toba en el que las monjas conservaban su vino Tufello, de delicado e inconfundible sabor, gracias a la temperatura constante y al frescor del lugar. Un vino que curiosamente no estaba al resguardo de nadie, ya que solo lo consumía el cura que cada día celebraba, solo para ellas, la misa, unos metros más arriba. Un lugar fresco en invierno, pero también en verano, de ahí que ideasen un sistema de ventilación por el cual el aire fresco del subsuelo ascendía gracias a unas tuberías hasta las celdas de las monjas, manteniéndolas frescas todo el verano.

La sorpresa llega al descubrir una segunda apertura en la pared, que en dirección ascendente acaba en el interior del vecino convento de frailes de San Lorenzo. Un camino discreto y privado que ponía en comunicación el convento femenino con el masculino sin necesidad de cruzar la calle a la vista de todos. No fue necesario conocer la explicación de nuestras guías, sus miradas pícaras lo aclararon todo. Parece ser que frailes y monjas quedaban allí en íntimo hermanamiento para quitarse los 'sofocos' al cobijo del frescor de la cava. El que no corre vuela. Sin embargo, los más espabilados en lugar de eso... excaban. ¡Y que conste que yo no he insinuado nada!







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