jueves, 5 de septiembre de 2013

Naturaleza muerta


Nuestro día a día constituye la mejor metáfora del dilema de nuestra existencia; busca el diálogo entre la vida y la muerte; entre lo que nos seduce y lo que nos repele. Efectivamente, vivimos guiados por el lógico anhelo de vivir mejor, pero consciente o inconscientemente sabemos que el mundo en muchísimas ocasiones sufre por ello y, por mucho que no lo queramos reconocer, sabemos que nuestro modelo, basado en lograr antes que nada, el beneficio individual por encima del bien colectivo no es sostenible. Por no hablar de la ética que subyace en la idea tan extendida de que después de mí el diluvio... 

Ir cada verano a la poza del río Mijares en Fanzara para mí está asociado al reencuentro con un lugar casi virgen a pocos kilómetros de la gran ciudad, un enclave balsámico y terapéutico, prácticamente intacto en el que todo sigue puro, en armonía con la naturaleza. Pero este verano, al volver, me choqué de bruces, a través de todos los sentidos, con la huella de la acción del hombre y la sensación de que lo que para mí era lo sublime se convertía inmediatamente en lamentable. La presencia agresiva de la basura y su mal olor empequeñecieron enseguida la naturaleza y el sonido del agua, transcurriendo plácidamente entre despojos, restos de papeles y envoltorios de todo tipo provocaron la aparición de una mirada nostálgica, una especie de lamento resignado por lo que tuvimos y se ha abandonado. 

Todo llegó a su culmen en el momento en el que varios coches, haciendo caso omiso de la zona reservada para el aparcamiento, llegaron hasta la misma playa que crea el río, al lado de donde estaban nuestras toallas, abrieron todas sus puertas y al hacer sonar la música a todo volumen nos dieron a entender que allí eramos nosotros los que sobrábamos. 

Creemos que los lugares grandiosos son el resultado de la acción humana tras juntar toneladas de hormigón y mármoles, pero a mí lo que me llama la atención es la grandiosidad de la naturaleza ante la que todos nos empequeñecemos. Sin embargo, la porquería llama a la porquería y parece que en este lugar, que es gratis y estaba antes que nosotros llegásemos, los cerdos han encontrado una pocilga con agua fresca en constante renovación donde poder guarrear a placer.

1 comentario:

  1. Qué pena, de verdad!!!!!Podrá la naturaleza aguantarnos mucho más tpo????Un abrazo muy fuerte, Alfredo!!!!!
    Ana

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