jueves, 8 de agosto de 2013

Tan cerca, tan lejos


Como la semana pasada, la anterior, y las que le precedieron, podría volver a hablar del calor, de las vacaciones o de lo educados que son los daneses, los escoceses y todos los habitantes de los países del norte de Europa en los que en verano no hace calor. O también de la crisis, este tema tan recurrente en los últimos años. Pero no. 

Desde Dinamarca, desde donde escribía la semana pasada, el puente de Oresund, sin necesidad de tomar el barco o el avión como ocurría en el de la canción de los guateques, atraviesa el Mar Báltico y nos comunica con Suecia. Al llegar al centro de Estocolmo lo primero que nos recibió fue una bandera arcoíris. Enarbolada en todos los edificios públicos, sedes de empresas privadas y multinacionales, cafeterías, librerías, supermercados, hoteles, autobuses y taxis... anunciaba por todas partes la celebración lógica e indiscutida de un día de respeto a la diversidad y a las minorías. 

Animados por la familia que nos acogía en la ciudad acudimos a ver el desfile en un punto indeterminado del recorrido. En plan festivo pero a la vez tranquilo y reivindicativo vimos pasar colectivos LGTB de profesores, médicos, policías, bomberos y funcionarios de todos los ámbitos profesionales, además de familias homoparentales con sus hijos, representantes de las distintas confesiones religiosas del país, e incluso, y para mi sorpresa, la práctica totalidad de los partidos políticos, de todos los colores y signos, desde luego todos los importantes sin excepción. El público aplaudía a su paso y les animaba. Y no pude evitar emocionarme. 

No pude evitarlo porque del mismo modo que un puente comunica dos países separados por un mar, un simple viaje en ferry lo acerca a otro país vecino, Rusia. Un lugar del que llegan noticias que no pueden ser peores ya que los derechos de la comunidad LGTB no solo son vulnerados sino que sus miembros son atacados, detenidos por la simple razón de mostrarse su afecto e incluso, como acabo de leer hoy en la prensa, agredidos hasta la muerte como le ha ocurrido a un joven como resultado de numerosas torturas a las que fue sometido. 

Rusia será un país grande que va camino de no tener ninguna grandeza. Tanto mirar la economía y los salarios y nos olvidamos que hay cuestiones de las que parece que a quien debiera no le importan demasiado. De hacerlo, el mundo sería otro.

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