viernes, 23 de agosto de 2013

Asuntos pendientes


Aunque las vacaciones apenas duran 30 días, vamos aparcando a lo largo del resto del año, todo tipo de asuntos para ese mes que será elástico y que pretendemos que nos cunda como si tuviese diez o doce semanas. Escapadas de un par de días, reorganizar los papeles de todos los cajones, encuentros con amigos que no vemos tan menudo como deseáramos, cenas con nuestras madres con las que no estamos durante el invierno tanto como ellas quisieran... y sobre todo películas y libros. Especialmente eso, leer por que sí, por el puro placer de hacerlo, sin más. 

Por eso, esta semana llegó el momento para “Alba Cromm”, la novela de Vicente Luis Mora, editada hace ya un tiempo en Seix Barral de la que todas las referencias eran inmejorables. No mentían, porque la sorpresa es que solamente unas horas han sido necesarias para devorarla. La suerte, no haberla leído todavía. El problema, no haberlo hecho el día que Elena Blanco me la recomendó y haber aparcado todo lo demás. 

Aborda un asunto tan grave como es el acoso en la red a los menores, así como el hecho de que esta actividad delictiva ha encontrado en el mundo virtual un lugar ideal para ejercer, con relativa facilidad e impunidad (cada vez menor, por fortuna) su acción, y la preocupante realidad de que determinados acosadores hayan encontrado países sin legislación al respecto desde donde poder actuar con total anonimato. En cualquier caso no es algo que nos venga de nuevas, en las noticias se habla constantemente de ello, pero hemos llegado a un punto en el que estos temas, por repetidos, parece que ya no les prestemos la menor de las atenciones, que los escuchamos casi impasibles como si se tratase de una película que no va con nosotros. 

Pero curiosamente, mientras escribo esto, mi sobrino que se pasa la vida cara a la pantalla del impresionante tablet que le regalaron en la comunión, que muerto de envidia me tiene, creo yo que conquistando mundos y matando marcianos, ha tenido, de haberlo querido, la posibilidad de descargar en el tiempo de la comida que va de la fruta al café cientos de archivos por el simple hecho de “echar un vistazo”, archivos que de saber el contenido seguro que nos pondrían los pelos de punta. Y todo ello a pesar de ser un niño, y eso lo digo yo, de lo mejor educado. 

Como es verano podría esconderle el cargador del tablet. O mejor, hacer que su padre aproveche y se lea la novela.

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