miércoles, 24 de julio de 2013

No es para tanto


La vida está llena de momentos inesperados. Cuando esta mañana ha llegado al trabajo una conocida a la que hacía tiempo que no veía, la sorpresa de la visita inesperada ha hecho que no prestase demasiada atención a la amiga que la acompañaba. Se han sentado las dos frente a mí y tras lo que parecían rápidos saludos de rigor, mirándome a los ojos con el semblante serio me ha dicho “tenemos un problema”. La cara debe haberme cambiado tanto que inmediatamente ha añadido, “bueno, lo tiene mi amiga”. ¡Uf!, por un momento pensé que estaba metido en un lío inesperado sin saber a santo de qué. 

El tema es que acaban de notificarle que, contra su voluntad, le han dado la nulidad matrimonial por la Iglesia. Ella ni la había pedido ni la quiere, porque cuando se casó con su marido, a los 31 años, estaba muy convencida de lo que hacía, tanto ella, como él. Luego vinieron los hijos, que le hipotecaron todo su tiempo, tanto que no le quedó demasiado para hacer nada que no fuese sacarlos adelante. Así que el motivo de inmadurez y desaliño que se alega como definitivo en la resolución del caso no le parece que se ajuste a la realidad de los hechos. En cualquier caso, y casi a la desesperada me planteaba “¿crees que puedo morirme ahora y que quede a los ojos de todo el mundo, y de Nuestro Señor, ¡y de Nuestro Señor! –recalcaba con especial hincapié, como madre soltera? ¡Eso sería faltar contra el séptimo mandamiento! Y ha roto a llorar. 

No he sabido qué hacer, ni qué decir. Una vez más no he podido evitar pensar cómo era posible que estuviese implicado en una conversación como esta. Además, en ese momento no recordaba qué diría el séptimo mandamiento, aunque ya lo estaba imaginando. Así que con un lacónico “bueno mujer, tranquila, porque todo el mundo tiene claro que en el momento de los hechos la situación no era así” he intentado zanjar el tema tras anunciarle que en temas de la curia no puedo prestarle ayuda alguna. 

¡Mira que venir con este problema, con el cacho problemón que me llevo entre manos que por culpa del calor tengo seca la garganta todo el rato!. O el que tiene Concha, que van a venir a cenar sus suegros a casa y no logra que la pasta filo se le quede suficientemente crujiente por más que lo haya intentado de todas las formas posibles. Y eso por no olvidar a otro amigo al que sus alumnos desagradecidos no le ponen “me gusta” en las cosas que cuelga en el Facebook y que por eso vive en el dilema de tener que bajarles la nota. Las cosas son graves o baladís, importantes o frívolas, pesadas o ligeras, pero la vida parece tener voluntad propia y nos lleva a donde a ella le da la gana. Será momento en estos días de julio de aprender a conducirla y tomar las riendas, porque nada es absoluto, porque sí, porque todo es relativo.


Foto: Atef Berredjem: Surface. 2011

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