sábado, 4 de mayo de 2013

Somos lo que los demás imaginan de nosotros


Mamoune, como mi abuela Emilia, pertenece a una generación de mujeres que no sonreían en las fotos. De hecho, en las poquísimas que mi abuela se hizo en vida, en todas aparece con el semblante serio, con cara como de resignación. Probablemente le tocó vivir en una época en la que la vida no estaba para muchas bromas y se le acabaron las risas.

Mamoune me recuerda a mi abuela. Como Mamoune, mi abuela siempre fue una abuela, y como correspondía a las abuelas entonces, era una mujer mayor en una época en la que al decir la palabra “viejo” no daba la sensación de ser descortés. Hoy en día no se puede decir, hay que decir “tercera edad”, como si fuera la cuarta dimensión. Es como si para tener una vejez como debe ser, uno tuviera que vivir una segunda juventud. Rejuvenecer o desaparecer, esa es la elección. Pero antes los viejos eran viejos. Y hoy a los viejos les toca sentirse jóvenes, lo que se valora es la edad que aparentamos, no la que tenemos, empeñados en ocultarla como una especie de guerra de los vivos. 

Obsesionados por borrar el tiempo anterior, los años que nos precedieron, la sociedad en la que vivimos se empeña a veces por apartar de la vista a los ancianos que siguen vivos porque nos recuerdan cuál será nuestro destino. Probablemente porque no queremos recordar que somos pequeños y frágiles cuerpos destinados a desaparecer. En ese trance olvidamos que envejecer es reducir las cosas a lo esencial, alcanzar la experiencia que nos permite saber cómo se encadenan los hechos y cómo se teje la trama sobre la que se desarrolla el presente. Porque envejecer es también alcanzar ese tiempo maravilloso de la vida en el que uno dice todo lo que piensa, piensa todo lo que dice y hace todo lo que cree. Porque al envejecer todo es presente y llegamos al momento de la vida en el que uno es más consciente que nunca que está vivo. 

Así es la vida. Pero es que, además, la vida está llena de oportunidades. Es lo que la nieta de Mamoune descubre en “La lectora de Jade” al compartir su vida con ella. Leerlo me ha dado nuevamente la oportunidad de subir el telón del pequeño teatro de seres amados y queridos que es la vida. Leerlo me ha permitido disfrutar de nuevo del espectáculo de los recuerdos. Leerlo ha hecho que mi abuela Emilia volviese hoy a estar conmigo.

3 comentarios:

  1. ¡Qué buen tema para una sobremesa en -digamos, por ejemplo- Vilafamés!
    Un abrazo.

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  2. No encuentro relación entre el título del artículo y el artículo, pero has conseguido que reflexione sobre lo primero y sobre la vejez.
    Gracias.

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  3. Muy bonita y sentida reflexión sobre la vida y la vejez.

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