sábado, 13 de abril de 2013

No sé dónde está el límite, pero sí sé dónde no está


Una de las conclusiones de No sé dónde está el límite, pero sí sé dónde no está, el último libro de Josef Ajram es que no tener objetivos en la vida es como no tener nada. Es lo que defiende este auténtico profeta del esfuerzo, que encontró su límite en La Gomera en el mes de mayo de 2012 cuando una deshidratación producida por la calima le impidió el reto de acabar siete ironmans seguidos durante siete días consecutivos. 

Un duro golpe y una lección de humildad para alguien que consideraba estar en su mejor momento y que no se había preparado para afrontar situaciones contrarias a sus objetivos. El aprendizaje que extrae de esta mala experiencia es que los malos momentos no son algo más que la antesala de algo mucho mejor que está por llegar, que por eso ahora está completamente impaciente por volver a intentarlo y que, aunque no pasa un día en el que no se acuerde de todo lo sucedido, no para de buscar cómo hacer las cosas de otro modo para corregir posibles errores. 

Quien afirma esto es Josef Ajram. Recuerda que desde muy pequeño siempre supo lo que quería hacer y lo que no en la vida. Si le incorporamos la premisa de confiar en la disciplina y en el cálculo en lugar de dejarlo todo en manos del azar o la suerte se da con la pauta que ha guiado su comportamiento en una vida que ha transcurrido entre dos mundos. Por un lado, el de la Bolsa, donde es day trader, puro vértigo y adrenalina. Y por otro, el deportivo, donde se apunta a las pruebas más exigentes y extremas del ultrafondo. Dos mundos aparentemente opuestos que reclaman constancia, dinamismo, disciplina y cálculo para medir posibilidades. 

¿Dónde está el límite? Ajram se la juega cada día, con ambiciones y objetivos, agotando todos los recursos necesarios para hacer realidad los retos que se propone ya que, nos recuerda, el conformismo es una trampa en la que no hay que caer. Su filosofía no es ganar, sino sentirse bien con su rendimiento, luchando contra sí mismo y ver hasta dónde se puede llegar. Y, aunque parece difícil levantarse cuando sientes que las circunstancias o uno mismo no han estado a la altura de lo esperado, Ajram nos recuerda que no hay que regodearse en la desgracia ni buscar excusas, sino que más bien es el momento de pasar al siguiente paso, el de la construcción del futuro y de aprender la lección de que no hay que desgastarse innecesariamente en lo que no conduce a nada. 

El límite es, en definitiva, siempre el próximo reto. Tener una meta es lo que te hace disfrutar. Si como dicen la vida son dos días, en lugar de quejarse más vale levantarse y volver a intentarlo con más fuerza. O aferrarnos al postulado de Ajram: “no sé dónde está el límite, pero sí dónde no está”. 

Por eso, para los que deseen seguir buscando dónde está el límite, Josef Ajram viene a Castellón para compartir con nosotros su meteórica carrera que tan sólo acaba de comenzar. La tarde del próximo martes la Fundación Caja Castellón nos ofrece la oportunidad en el Salón de Actos del Edificio Hucha de descubrir que lo realmente importante es la calidad de vida y tener la sensación de que el tiempo no pasa a la deriva, gozando de cada etapa y cada momento. Ese es, desde luego, el verdadero límite.



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