domingo, 13 de enero de 2013

El límite es tu reto


Una de las conclusiones de "No sé dónde está el límite, pero sí sé dónde no está", el último libro del ultrafondista y day trader Josef Ajram es que no tener objetivos en la vida es como no tener nada. Es lo que defiende este auténtico profeta del esfuerzo, que encontró su límite en La Gomera en el mes de mayo de 2012 cuando una deshidratación producida por la calima le impidió el reto de acabar siete ironmans seguidos durante siete días consecutivos. Un duro golpe y una lección de humildad para alguien que consideraba estar en su mejor momento y que no se había preparado para afrontar situaciones contrarias a sus objetivos. Ajram afirma que los malos momentos no son algo más que la antesala de algo mucho mejor que está por llegar, que por eso ahora esta completamente impaciente por volver a intentarlo y que, aunque no pasa un día en el que no se acuerde de todo lo sucedido no para de buscar cómo hacer las cosas de otro modo para corregir posibles errores.

Parece difícil levantarse cuando sientes que las circunstancias o uno mismo no han estado a la altura de lo esperado. Y es ahí donde curiosamente encuentra Ajram que su caso personal guarda cierta similitud con la historia reciente de muchísimas personas que absorbidas por esta crisis que nos envuelve han visto como su vida ha caído de repente en picado hasta convertirse en la sombra de lo que era. Es aventurado afirmar que bebieron, como él, de los buenos momentos sin tener en cuenta que el grifo diría basta tarde o temprano. Pero Ajram nos recuerda que no hay que regodearse en la desgracia ni buscar excusas, sino que más bien es el momento de pasar al siguiente paso, el de la construcción del futuro y de aprender la lección de que no hay que desgastarse innecesariamente.

El límite es, en definitiva, siempre el próximo reto. Tener una meta es lo que te hace disfrutar. De lo contrario, la existencia pasa a la deriva, sin un rumbo fijo y pasamos a vivirla soporíferamente movidos por la inercia. Si como dicen la vida son dos días, en lugar de quejarse más vale levantarse y volver a intentarlo con más fuerza. O aferrarnos al postulado de Ajram: “no sé dónde está el límite, pero sí dónde no está”. 


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