miércoles, 19 de diciembre de 2012

Un cisne negro


Llega casi al fin este año en el que la crisis lo ha copado todo. Reflexionábamos de este asunto durante la presentación de “Si yo tuviera 100.000 seguidores”, el último libro de Nativel Preciado, en el Edificio Hucha de la Fundación Caja Castellón cuando vinieron a colación las reflexiones de Nassim Nicholas Taleb, un tipo interesante, ingenioso y con talento que destaca por su afición a todos los asuntos relacionados con la oportunidad y la incertidumbre. Taleb, como resultado de su experiencia en crisis financieras, aprendió la importancia de tener en cuenta los hechos fortuitos de difícil pronóstico, efecto sorpresa y enorme repercusión. Por eso se ha dedicado a reflexionar desde un punto de vista filosófico y matemático sobre la complejidad, la incertidumbre y la aleatoriedad en lo que ha venido en denominarse “el cisne negro”, o el impacto de lo altamente improbable. 

Así se denomina “cisnes negros” a los fenómenos inesperados que nos cambian la vida, a aquellas rarezas que no figuran en nuestras expectativas cuya aparición produce un impacto extraordinario al que a posteriori se le buscan explicaciones lógicas y previsibles, aunque a todo el mundo le coge por sorpresa. Son, en resumen, hechos poco predecibles y muy impactantes; acontecimientos en definitiva que repercuten sobre nuestra vida que no son el resultado de una meticulosa planificación ni de un plan preestablecido. 

Pensemos en ejemplos recurrentes, como la actual crisis financiera, un fenómeno impredecible pero tediosamente explicable después de haber sucedido. Los expertos se inventan teorías para justificar a posterior la existencia de este acontecimiento sorprendente, impactante, y sobre todo, improbable hace relativamente poco tiempo. Pero lo curioso es que antes de que produjese todo el mundo lo ignoró. Sin embargo, a toro pasado, todos lo sobrevaloran con su “ya lo sabía yo”. 

A partir de ahora será cuestión de poner en cuarentena el índice de fiabilidad de los expertos. Porque está claro que no siempre el que desempeña un oficio se supone que tiene los conocimientos de los que alardea, o al menos, muchos de ellos no merecen la confianza que habíamos depositado en sus pronósticos. ¿Debo pues fiarme de los que dicen que el año que viene se acaba la crisis, cuando no fueron capaces de acertar su llegada hasta que no estuvo perfectamente instalada entre nosotros?.

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