martes, 6 de noviembre de 2012

Una noche en Amalfi


El poeta italiano Renato Fucini escribió que «el día del Juicio Universal, para los amalfitanos que suban al Paraíso será un día como todos los otros». Una afirmación nada exagerada cuando se ha vivido en ese tramo de la costa italiana bañado por el mar Tirreno, en el golfo de Salerno, cuya espectacular belleza forma parte del inconsciente colectivo. 

Un pequeño y hermoso destino turístico del que también esperan disfrutar Sergio y Lidia, una joven pareja aparentemente al margen de los convencionalismos, a la búsqueda de una más que ganada semana de indolencia. Sin embargo, el previsible relax de un hotel en el idílico enclave de una escarpada montaña que cae al mar, unido a la perspectiva la dolce vita, se convertirán al poco de su llegada en una inquietud creciente que llegará a convertirse en asfixiante y claustrofóbica. 

Es lo que logra el altísimo grado de tensión narrativa alcanzado por la autora Begoña Huertas desde las primeras páginas de esta novela en la que olemos el mar y sentimos la brisa de la costa. Pero en la que también sentimos muy pronto cómo se masca una tragedia que va haciendo el ambiente cada vez más agobiante y nos impide dejar el suspense de sus páginas hasta conocer que es lo que hay al final del abismo de una noche de verano amalfitana en la que cambiará por completo la vida de los dos protagonistas. 

Uno de los personajes de la historia nos recuerda que en realidad siempre vemos mal, y que es nuestro cerebro el que interpreta y supone la imagen más probable. Es probable que así sea, porque si a veces es malo no saber, mucho peor es saber y pretender ignorar lo que se sabe, querer ver las cosas como tendrían que ser en lugar de como son…

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