jueves, 8 de noviembre de 2012

Todo viene de los libros


Todo viene de los libros "Lee y conducirás, no leas y serás conducido". Inevitable recordar estas palabras de Santa Teresa frente a los que se enorgullecen de no haber leído un libro en su vida mientras se jactan de que ni falta que les ha hecho o los que, en el colmo del desdén, reconocen comprarlos a peso. Seguidores sin saberlo de Sartre, que afirmaba que el mundo podría existir perfectamente sin la literatura y desconocedores de que los libros son el tesoro de los remedios del alma porque curan de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás. 

Afortunadamente, los que opinan que sin libros el mundo no sería el mismo son la inmensa mayoría. Ninguno de nosotros nos pareceríamos a lo que somos de no haber tropezado en algún momento con el que nos cambió la vida y que ha contribuido a convertirnos en lo que somos. Porque es indiscutible que la naturaleza íntima y personal de la experiencia de la lectura y del contacto con los libros marcan nuestras vidas. A veces es el primero que uno lee. Otras es el encuentro fortuito con un autor y unas ideas leídas que remueven la conciencia, que nos dejan una huella que puede dar un giro inesperado a nuestra vida. 

Y es que estos días, mientras unos hablan del futuro de soportes digitales para la lectura y otros de lo poco que se lee y lo menos que se vende, la ciudad de Castellón nos ofrece la posibilidad de ir a la Feria del Libro que se celebra en la Plaza Santa Clara para pasearnos entre libros, para buscar y seguir el rito de encontrar la aguja en el pajar y curiosear, para encontrar algún libro raro, algún ejemplar al que le seguíamos la pista y que nunca fue reeditado... o simplemente para hacernos con libros verdaderamente baratos, para encontrar una ganga inesperada. 

Pero es entonces cuando es inevitable pensar que muchos de estos ejemplares han venido de bibliotecas que se desmembraron por mudanzas, que alguien tuvo que desprenderse de ellos por la fuerza de las circunstancias o simplemente porque nos llegaron cual pesada y voluminosa herencia. Pensar que en algún tiempo esos libros fueron importantes para alguien al que marcó su vida no deja de ser una de esas extrañas y curiosas paradojas de la vida. La verdad es que no deja de ser un poco triste.

2 comentarios:

  1. bueno, triste sería que los libros que amamos acabaran en algún contenedor de reciclaje a nuestra marcha. Ellos en el fondo no nos pertenecen, tienen su propia vida que trasciende la nuestra, y piden lectores con la misma ilusión que nosotros libros :)

    un saludo,

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  2. Es verdad Maslama, interesante la idea de que la vida de los libros puede trascender más allá de la nuestra. Un saludo y gracias

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