martes, 9 de octubre de 2012

(In)trascendente


Es posible que el paso del tiempo cambie nuestra mirada y el modo como vemos la realidad. Por eso, según vamos ganando años todo nos va pareciendo mucho más relativo y lo que realmente consideramos importante, lo que nos hace vibrar y es verdaderamente fundamental cambia y se puede contar, además, con los dedos de una mano. 

Por lo que a mí respecta me doy cuenta que es ahora, en el ecuador de mi vida, cuando ciertas cosas que de joven no me merecían importancia empiezan a resultarme conmovedoras. Y es curioso, porque si miro hacia atrás compruebo que lo que ahora me emociona me hubiese parecido hace tan solo diez o quince años pura ñoñería, blando y cursi.

Pero visto desde la madurez ya no es así. Crecer es asumir las emociones. Cuando somos jóvenes nos queremos comer el mundo y solo nos importan las gestas realmente heroicas, aquello que nos parece grandiosamente increíble. Nos consideramos eternos y nos permitimos el dudoso mérito de ir de duros por la vida porque intentamos desligarnos de la niñez para creernos adultos. Entonces nunca nos hubiésemos emocionado al ver cómo Marisa, castellano-parlante de toda la vida, recita en valenciano en el maratón de lectura de la Fundación Caja Castellón y se reta a sí misma para salir airosa al leer una de las historias de Tomás Escuder. O al señor Pepe, el "Galán de Noche", que cada día se pelea a sus casi noventa años con los conflictos que le plantea el Word del PC cuando no le justifica sus textos. O a Rosario, que a sus casi ochenta va a venir esta tarde a casa para que le enseñe a escanear y photoshopear sus fotos, algunas de hace más de setenta años, para poder enseñárselas a sus nietos, clasificadas por carpetas en su recién estrenado ordenador portátil. 

De joven no me hubiese detenido a considerarlo, era la prehistoria de mi vida y no hubiese aceptado jamás que, como persona, soy frágil y sensible. Pero ahora sí. Porque a todas estas situaciones, aparentemente intrascendentes, que antes no le hubiese prestado la menor atención ahora sé que son algunas de las cosas realmente importantes de la vida.

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