domingo, 28 de octubre de 2012

El paisaje urbano de Barreira


El artista valenciano Vicente Barreira, considerado uno de los grandes maestros del paisaje urbano de la Comunidad Valenciana, muestra sus últimas obras del 2 al 24 de noviembre en el Centro Cultural Palau de Vivel de La Vall d'Uixó en la exposición organizada por la Societat Cultural Amics de la Vall.

Pintura y escultura; cerámicas y dibujos; distintas técnicas y distintos soportes, pero siempre el mismo denominador común: el entorno, el paisaje urbano como principal protagonista. Por eso centran esta exposición las panorámicas a cielo abierto que el hombre ha hecho suyas, así como calles, plazas y edificios desvelados por el aporte lumínico de las horas clave: el amanecer, la media tarde o el ocaso. Una luz que queda reflejada en los tejados, en los aleros y balcones de edificios, en los muros filtrados de humedades y mohos o en la tapias erosionadas, carcomidas por el suave y acompasado paso del tiempo. Para el artista todo empieza con una foto. Para por lugares que configuran su infancia impulsado por el afán de recuperar vagas impresiones y fijarlas; por el afán de ponernos en contacto con un pasado próximo. Con ello se enraíza con el lenguaje de la memoria, una memoria de paisaje urbano hecha de melancolía y de honda humanidad. Una visión urbana que recupera con minuciosa fidelidad viejas casas que reflejan un modo de vida en trance de desaparecer, que parecen ir apagándose lentamente, que todavía no han sido sustituidas por la modernidad. Y al tiempo, visiones que nos permiten reflexionar sobre los que no están allí, pero que, sin embargo, han dejado su impronta.

El conjunto de estos trabajos se nos muestra como una continuada labor investigadora, tanto por la selección de los entornos que muestra, como por la forma de conjugar las técnicas más adecuadas con la que expresa sus variadas texturas y gamas cromáticas. Cabe destacar especialmente cómo Barreira rompe el pano y penetra en la superficie de sus obras, representando valores volumétricos que son propios de la escultura. Subraya el volumen de los objetos, acentúa la solidez y el peso, destaca la corporeidad, potencia la dureza y resistencia de las formas; incluso las simplifica estructurándolas. Estos caracteres escultóricos de la imagen representada en pintura o en sus paneles cerámicos van dirigidos de un modo más directo a solicitad la participación del tacto en la experiencia estética, incitan a palpar los objetos representados, a seguirlos con los dedos, y al mismo tiempo ubican la imagen puntualizando las distancias entre ella y el espectador. 

Volumen y color, en definitiva, para mostrarnos lo que quiere decir. Como si no le fueran suficientes las dos dimensiones tradicionales.

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