miércoles, 12 de septiembre de 2012

Son las cosas de la edad


Una niña espabilada como una campana recomendaba a otros niños de su edad, mientras subían en fila por las escaleras, que en lugar de subirlas cogidos de la barandilla lo hiciesen por la parte de la pared, porque de ese modo no se veía el hueco de la escalera y además de ser menos peligroso se evitaba tener vértigo. Tiene tres años y medio. 

Otro comentaba el reparto completo de “La que se avecina” con todo lujo de detalles, lo que incluía el nombre de los actores y del personaje que representa cada uno en la serie con una descripción de su personalidad. Que si Javier Maroto, al que todos conocen como Javi, está interpretado por Antonio Pagudo. Que es hijo de Vicente y Goya, trabaja como informático y fue el primer presidente de la comunidad. Que está casado con Lola y que deben la hipoteca del ático dúplex donde vive junto a su suegra la actriz fracasada Estela Reynolds a la que no se traga. Por eso, añadía, Javi se pasa todo el tiempo en el bar con sus amigos. Esta criatura tiene siete años. 

Al mismo tiempo, y en otro corro, una niña explicaba el pack combinado para ir a Eurodisney con el desglose de hoteles posibles y los aeropuertos de París que citaba de carrerilla (Orly, Charles de Gaulle y Beauvais -ella decía ‘Bové’ pero yo he buscado el nombre en Google porque ni lo sabía). Por no contar el caso de otro que explicaba los trucos para ganar en los juegos de PSP, las alineaciones de fútbol o las tramas exhaustivamente detalladas de todos y cada uno de los libros de Harry Potter leídos durante el verano. Y todo esto con ocho o nueve años. 

Cuando escucho todo esto no puedo creer que los que me lo están contando tengan la edad que tienen. No puedo salir de mi asombro. Tampoco creo que los niños del 2012 sean más inteligentes y despiertos que los que les precedieron. Pero lo que es evidente que aprenden, y además conocen cosas que no se las ha explicado nadie. Desde dentro tienen una predisposición a fijarse en un determinado tipo de información que les llama la atención y les gusta recordar. Y además no tienen ningún pudor en compartirlo con los adultos, sin ningún prejuicio, sin tener miedo a hacer el ridículo y preguntando abiertamente lo que no saben. Así, sencillamente. Y todo porque, probablemente, todavía no son adultos.

2 comentarios:

  1. La verdad que son increíbles. Yo también he tenido unas cuantas experiencias de este tipo este verano en los talleres de cerámica.
    Te cuento una frase graciosa de una niña de 6 años, que después de su baño de 10 minutos, y tras esperar una hora para que salieran sus compañeros de la piscina, me dijo muy solemne ella:
    No crees Rosa que son demasiado jóvenes para quedarse como una pasa?

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