martes, 3 de julio de 2012

Actividades de tiempo libre


La única actividad extraescolar que recuerdo haber tenido en mi vida fue, simple y llanamente, ir al catecismo. Fui durante dos años, antes de tomar la comunión y luego uno más de post-comunión al que siguió uno de confirmación, para concluir con otro más de post-confirmación. Una actividad que duraba una hora un solo día de la semana. Y sanseacabó. El resto de los días hacía corriendo mis deberes de la escuela y me marchaba con mis amigos. Las cabras al monte y nosotros a la calle. 

Sin embargo, resulta que los niños de hoy en día no la pisan nunca en la vida, porque van en el coche de sus padres, que los llevan desesperados de un sitio para otro. Y es que estaba hoy en el súper a última hora de la tarde cuando ha llegado una amiga a la que no he visto en todo el invierno. Apurada, hacía la compra a la velocidad de la centella mientras resoplaba porque su hija, que -todo hay que decirlo- iba a remolque, no le seguía el ritmo. Después de los consabidos besos y los “cuánto tiempo sin vernos”, me he dirigido a su hija sonriente, y para pincharla un poco le he dicho que no sabía lo que se había perdido por no ir a los talleres de cerámica de la Tía Roseta en la Fundación; que si hubiese ido le hubiese encantado y que le tenía que echar una bronca a su madre por no apuntarla a una actividad tan chula. 

Pero entonces la que me ha reñido ha sido su madre, por no organizarlo en viernes, como siempre. Porque llevaba todo el invierno esperando que su hija pudiese ir a las marionetas de los viernes y ahora que ya podía ir va y le cambian la fecha. “¿Y por qué no ha podído venir hasta ahora?”, le he preguntado. Pues muy sencillo, “porque la niña tomó la comunión a finales de mayo y ya no va los viernes por la tarde a clase de catecismo que eran ese día”. ¡Vaya!, ella también va a catecismo. Y ha sido entonces cuando me ha desglosado de memoria la agenda de la criatura. Casi como una letanía. Los lunes tiene piscina y aprovechando que la lleva en coche, luego va a caballo. Así lo ha dicho “a caballo”, que yo ya sé que se dice hípica. Los martes tiene instrumento y solfeo. “No me digas que tocas la flauta travesera”, le he apuntado no sin cierta ironía. “Pues claro que no”, ha añadido enseguida la madre, “estudia violín y le va muy bien. Por eso este año actuó delante de todos sus compañeros del colegio en la fiesta de fin de curso”, ha concluido. 

Bien, seguimos. Los miércoles tiene piscina otra vez y luego clase de repaso de inglés. Bueno... su madre ha dicho de refuerzo, porque este año no ha sacado muy buena nota, y viene a casa una estudiante Erasmus muy maja, nativa de Essex, una tarde a la semana. Porque los jueves participa en el grupo de teatro, donde le va, por supuesto, muy bien, ya que le ayuda a socializarse y ser más extrovertida. 

Concluyendo. La niña, además de ir a clase, nada, cabalga, compone e interpreta, va camino de representar a Shakespeare en versión original y, como está en el proceso de hacerse de lo más simpática gracias al teatro será una excelente relaciones públicas... Increíble y fenomenal. 

Pues yo no sé si todos los niños tendrán estas agendas, pero desde luego lo que se dice envidia no me dan ninguna. Hay quien dice que estos niños hacen todo lo que sus padres no hicieron o que los tenemos ocupados porque no les podemos atender. También es posible que aunque no hayan tenido tiempo ni para abrir los regalos de navidad acaben sus días en Houston. Eso sí, siempre y cuando no acaben por aborrecerlo todo y terminen de retiro permanente en el Desierto de las Palmas. Aunque ahora allí haga un calor de mil demonios. Da igual.

1 comentario:

  1. Antes hacíamos todas esas actividades en la calle.
    El ejercicio físico, porque jugábamos a la "tula" al escondite, lo de cabalgar porque algún juego era algo salvaje como el del "burro". Musicalmente también estábamos ejercitados, con los cánticos de la comba, la goma de saltar y algún ruido de percusión que molestaba a los vecinos. Y como actores no nos faltaba de nada, el arte que teníamos para embaucar a los amigos cuando nos interesaba, o a los padres, vamos, interpretaciones de oscar! Y la simpatía y las relaciones públicas las practicábamos en la misma calle.
    Con razón no hay que envidiarles. Más bien apiadarse de ellos. No han tenido la ventaja de vivir aquellos tiempos, porque la verdad es que hoy en día la calle no está para lo de antaño.
    Aunque algunos tienen la suerte de ahora en verano irse a algún pueblo, donde la calle sigue siendo el lugar donde vivir.

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