sábado, 12 de mayo de 2012

Mentiras compartidas


En Mal de escuela el escritor Daniel Pennac recuerda dos curiosas anécdotas. En la primera un amigo de su hermano, que por entonces debía tener doce o trece años, como temía un examen de matemáticas, le pidió a su mejor compañero que le indicase el lugar exacto del apéndice. El día del examen se derrumbó en plena clase simulando un terrible ataque. La dirección del centro fingió creerle y le mandó a su casa, aunque solo fuese para librarse de él. Desde allí, los padres -a quienes ya les había hecho otras jugarretas- le llevaron sin mucha convicción a una clínica cercana donde, sorpresa, ¡le operaron de inmediato! Después de la operación, el cirujano apareció llevando un frasco de vidrio donde flotaba un largo chirimbolo sanguinoliento y dijo, con el rostro radiante de inocencia: “¡He hecho bien operándole, ha estado a un pelo de la peritonitis!”.

En la segunda historia, más reciente, la directora de un instituto, que controlaba mucho las ausencias de los alumnos, pasaba lista personalmente en sus clases de último curso. No apartaba los ojos, especialmente, de un reincidente al que había amenazado con la expulsión a la próxima ausencia injustificada. Esa mañana el muchacho no estaba; fue la gota que hizo rebosar el vaso. La directora del centro llamó de inmediato por teléfono, desde la secretaría, a la familia. La madre, desolada, afirmó que su hijo estaba efectivamente enfermo, en cama, ardiendo de fiebre, y le aseguró que estaba a punto de avisar al instituto. Así pues, la directora colgó satisfecha el teléfono, todo estaba en orden. Salvo que, de regreso a su despacho, se topó con el muchacho. Sencillamente, estaba en los lavabos cuando pasó lista.

Estas dos memorables historias de complicidad adulta con la mentira nos demuestran que las sociedades también se edifican sobre la mentira compartida. Las dos anécdotas lo demuestran, los miles de despedidos, y los que viven con la inestabilidad de un futuro a corto plazo incierto son la evidencia palpable de que nosotros también hemos vivido en otra. Lo que no tengo claro es hasta qué punto nosotros también fuimos cómplices de su construcción.

1 comentario:

  1. María Antonieta Arnal Parada14 de mayo de 2012, 10:28

    En Venezuela es muy común eso de las mentiras compartidas. El problema de los mentirosos es que cuando de verdad tienen algo, nadie les cree.

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