domingo, 6 de mayo de 2012

La venus negra


Joséphine Baker nació en 1906 en Saint Louis (Missouri). Como tantas otras personas de raza negra de su generación fue víctima del segregacionismo y pasó su infancia trabajando como empleada doméstica y niñera para colaborar en la humilde economía de su familia.

A los 16 años se convirtió en bailarina. Sin embargo, como le ocurriría en más ocasiones, la barrera del racismo le restó méritos, siendo rechazada como artista por ser demasiado oscura. Pero nada detuvo a esta mujer que luchó toda su vida por aquello en lo que creía. Así, gracias a la combinación de talento y belleza se ganó al público parisino, ávido de exotismo, y en sólo tres meses consiguió un primer papel en el célebre teatro Folies Bergère. No solo se convirtió en la estrella más aclamada y mejor pagada de toda Europa, sino que rivalizó con Gloria Swanson y Mary Pickford por ser la mujer más fotografiada de todo el mundo. 

Su voz privilegiada para el jazz, un sensual cuerpo que mostraba con orgullo levemente cubierto con extravagantes trajes, y una verdadera aptitud para la danza, fueron la explosiva fórmula con la que Joséphine haría historia. Y todo ello a pesar de ser despreciada por su propia gente, que consideraba inaceptable que una mujer negra alcanzase tan gran éxito. 

Sin embargo, la que fuera musa de genios de talla universal como Scott Fitzgerald, Pablo Picasso, Le Courbusier, Georges Simenon, Frida Kahlo o Ernest Hemingway que la consideró "la mujer más sensacional que nadie haya visto ni verá jamás", lejos de deslubrarse por la vanidad del éxito lo utilizó para luchar por la integración y contra la discriminación racial. Si en sus espectáculos exigía que el público estuviera integrado, en su vida privada fue una activa colaboradora de la Resistencia Francesa, una labor desconocida para muchos y que habla de los principios de la artista y de su compromiso contra el nazismo. Y también adoptó doce niños de etnias diferentes con los que viajó por Estados Unidos y Francia para mostrar su felicidad en familia a pesar de las diferencias. 

Admiramos pues a la Joséphine Baker de inconfundible talento artístico, pero valoramos sobre todo su infatigable lucha en contra del racismo y por la libertad de las personas. Ya en 1927 decía la propia Joséphine: “En verdad soy célebre, mi cabeza y mis muslos están en todas partes y sin prejuzgar digo que el cielo me ha dado ‘muslos inteligentes’. Cumplo muy bien con mi contrato en el escenario pero ¿cumplo con el de la vida, con ese contrato que me está asignado en alguna parte, mi contrato de ser humano? La pregunta me aprieta el corazón”. Así fue Joséphine Baker, el emblema de la mujer moderna que con su permanente rechazo a la injusticia nos dejó un legado que trasciende la esfera del espectáculo.



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