viernes, 11 de mayo de 2012

Hucha animada


Cuando pensamos en cine de animación es inevitable la referencia a Walt Disney. Sus producciones forman parte de los clásicos del género. Pero desde que la compañía americana llegase a nosotros en 1923 con sus conocidos personajes y celebradas producciones ha llovido mucho hasta alcanzar el desarrollo sin precedentes que el cine de animación ha conocido en las últimas dos décadas. La propia compañía Disney tuvo un momento de esplendor a principios de la década de 1990 con algunas de sus más exitosas y mejores películas, sobre todo desde la celebrada La bella y la bestia. A partir de ese momento el cine de animación se convirtió en uno de los más importantes géneros de la industria cinematográfica hasta situarlo en lo más alto del panorama actual. A ello contribuyó, sin ninguna duda, el auge de la infografía, que ha llevado a la compañía Pixar a convertirse en la más exitosa productora del mundo, con películas tan bien acogidas como los mejores Disney. Así, desde el corto de 1986 Sneak Peek, donde una lámparita jugaba con una pelota, ha evolucionado y producido éxitos como Toy Story, Bichos o Shrek (que revolucionó en su momento el mundo de los cuentos, las historias y la animación para la familia con un tono sarcástico y una historia cargada de ironías). Cabría incluir finalmente otros competidores para la clásica Disney, como DreamWorks, responsable de Antz, o la 20th Century Fox, titular de Ice Age o Robots, películas de enorme éxito que nos lleva a concluir que hasta ahora animación es sinónimo de éxito en taquillas, críticas y marketing. 




No hay que olvidar en este breve análisis al anime japonés, que se ha convertido en la industria más prolífica del planeta, popularizándose en todo el mundo. Las series de televisión son innumerables y siguen siendo la atracción principal para millones de aficionados, al tiempo que la producción de largometrajes, después de desaparecer prácticamente durante los años 1970, volvieron con una fuerza creativa y comercial inusitada, principalmente a partir de Nausicaa del valle del viento y Akira, de Katsuhiro Otomo, que derivaron en una explosión de estilos y temáticas que han logrado el reconocimiento de Occidente.


Pero, ¿qué ocurre en el viejo continente? Si Francia ha destacado con los cortometrajes de la productora Folimage; en largometraje, el éxito de Kirikú y la bruja ha abierto el camino para un número creciente de películas de ambiciones y calidad notables. Mientras, en el Reino Unido, la productora Aardman Animations (dedicada principalmente a animación con plastilina) se hizo popular especialmente a partir de la saga de Wallace y Gromit y se lanzó a la producción de largometrajes como Evasión en la granja. Curiosamente cabría destacar que al abrigo de este éxito floreció la animación independiente, al tiempo que se ha producido la renovación del género en los países del Este gracias a las nuevas generaciones de animadores que han mantenido viva su tradición. 


En el caso del cine español de animación nunca ha destacado más allá de nuestras fronteras, y siempre ha tenido que enfrentarse a los problemas de raíz que caracterizan, en general, a todo el cine español: producción austera, profesionales que cuenta con mucho empeño pero pocos recursos, una distribución que castiga lo local por lo foráneo, reduciendo con ello el circuito de exhibición de esta piezas, y quizás lo más importante y lo que provoca que estemos hablando de estos síntomas, la falta de un público fiel a las películas de animación creadas en este país. 

Sin embargo, en los últimos años, el cine de animación español cobra cada vez más fuerza. Así, si desde 1945, cuando se realizó el primer largometraje de animación en España, hasta 1985 únicamente se habían realizado diez producciones, cabe señalar que desde el año 2000 la cifra ha aumentado a cinco por año y las nuevas tecnologías se han aliado con el talento de los creadores para formar auténticas obras de arte como Planet 51 que contó con un presupuesto de 60 millones de dólares, lo que la convierte en el filme más caro de la historia del cine español. 


La Fundación Caja Castellón-Bancaja sigue programando a través del ciclo Hucha Animada en el que se han exhibido algunas de las mejores producciones del cine español de animación. A partir de ahora se amplía su ámbito al cine europeo. Por eso, el próximo viernes, a las seis y media de la tarde tras El Cid: La leyenda; Pérez, el ratoncito de tus sueños, Donkey Xote, El Patito Feo y yo, Dragones: destino de fuego, Rebelión en la isla, y tantas otras, la Fundación Caja Castellón programa la producción europea La profecía de las ranas, una original fábula animada premiada en el Festival de Berlín recomendada para todos los públicos que nos demuestra que todos los animales pueden pasar cuarenta días y cuarenta noches de lluvia dentro de una gigantesca arca aunque sea comiendo 28 toneladas de patatas. ¡Ahí es nada!


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