domingo, 19 de febrero de 2012

El galán de noche


Hay personas que tienen el poder de crear dentro de sí mismas y, lo que es mejor, contagiarlo a los demás. Qué duda cabe que la ilusión, el optimismo, en definitiva, el entusiasmo, constituyen una de las claves del éxito en la vida, porque tienen una capacidad positiva de influencia. Mientras que el desánimo, el pesimismo o la desmotivación, ahuyentan.

Al que no le falta nunca entusiasmo es al señor Navarrete. Llevaba semanas sin venir por el Club de Jubilados del Edificio Hucha. Y hoy, a sus 93 años y dos meses -cómo nos recuerda con orgullo- ha vuelto “y sin bastón”. Le habían operado de una “cosilla sin importancia” que le ha dejado fuera de circulación todo este tiempo. Pero a partir de ahora no dejará de venir otra vez todos los días, porque el que será el próximo libro que está escribiendo, se le ha quedado muy retrasado. Y la historia que se trae entre manos es muy interesante, avisa.

Quién lo iba a decir de este nuevo escritor, ya no tan amateur. Pero llegar a la literatura no ha sido un camino fácil. Empezó a trabajar a los doce años. Poco después llegó la Guerra Civil que le arrebató tres años de reclutamiento forzoso y le dejó el recuerdo de tres heridas, una por cada año. Por si no hubiese sido bastante lección, todavía le quedaban otros tres más de servicio militar. En total seis años perdidos. Se casó después y fue durante toda su vida laboral pulimentador en un taller de muebles de Castellón. Pero todavía tendrían que pasar quince años más para sentarse frente al monitor de un ordenador y empezar a convertirse en el Galán de Noche.

Durante seis meses acudió a un curso para jubilados. “No tenía ni idea, pero nunca me he quedado atascado por culpa de un “no sé”, “no puedo”, “no servirá de nada”, “es imposible” o “es muy difícil”. Cuando el ordenador se me resiste pido ayuda-. Y así ha escrito ya tres libros de versos y poemas, un libro de memorias, dos novelas... -Y fin-, apunta.

Ahora que ya tiene salud de nuevo, no puede dejar de venir a darle a las teclas y hacer trabajar al cerebro. Si se queda en casa y no se mueve la única expectativa posible es la de acabar sentado encima de un carro de ruedas o quedarse todo el día mirando la tele, desde la mañana a la noche, justo hasta irse a dormir. Y claro, eso no está en sus planes. Las noches del Sr. Navarrete no son para ver programas de la vida de los otros sino para pensar en lo que escribirá al día siguiente. Por eso él es el Galán de Noche.

Está claro que los años arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma.


Imagen: "El libro de la vida", de David Kracov.

2 comentarios:

  1. Cuando cumpla 93 años -o 100, yo me apunto-, me gustaría ser como el señor Navarrete. Y puestos a soñar lo imposible, como el señor Sampedro, don José Luis...

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  2. Me encanta, felicitale de mi parte. Desde luego es todo un ejemplo a seguir.

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