sábado, 14 de enero de 2012

Plantón para la bailarina


Mientras estuvo vivo la reputación del artista francés Edgar Degas (1834-1917) varió entre la admiración y el desprecio. Muchas veces logró cautivar a los críticos en los salones de pintura de París, pero no tuvo la misma fortuna con los compradores. La única pintura que vendió en vida, en 1873, retrataba una oficina de algodón en Nueva Orleans, una escena totalmente opuesta a la serie de bailarinas que lo harían famoso tras su muerte. Sin embargo, su decepción más grande la tuvo en la escultura. Cuando en 1881 presentó en el sexto Salón Impresionista La pequeña bailarina de catorce años, la más ambiciosa y compleja de sus esculturas, las criticas fueron tan feroces que probablemente le empujaron a tomar la decisión de no volver a exhibirlas.


El trabajo de Degas es el resultado de una larga observación, rechaza la representación bucólica, sensual y optimista de sus compañeros independientes para centrarse exclusivamente en el ser humano, especialmente en la mujer, en la que muestra una objetividad sin concesiones que raya lo cruel. Y es en esta obra precisamente en la que se materializa su ruptura con la tradición académica para abrazar una estética nunca vista hasta entonces. Porque para la realización de esta escultura, de apenas un metro de altura, empleó cera policromada, un material en auge pero poco común para la época, y utilizó con gran autenticidad materiales cotidianos a los que otorgó una función artística, pues la mostró ataviada con un tutú de gasa gris verdosa y zapatillas de satén y peinada con pelo natural con la coleta anudada con una cinta de seda amarillo claro.

Además, revelando a un Degas casi antropólogo o naturalista, fue presentada intencionadamente en una vitrina, a la manera de un espécimen de museo. La flanqueaban dos dibujos del artista de dos de los más famosos asesinos de la época, unos personajes con rasgos simiescos que se asemejarían bastante a la fisonomía de la bailarina, esculpida deformada de manera intencionada para seguir al pie de la letra los cánones del rostro criminal, según los estudios antropomórficos tan de moda en la época. No es de extrañar, por tanto, que la obra fuese violentamente acusada por los críticos de mostrar la niña de manera bestial, como ideal de fealdad y se propusiese su traslado a un museo de medicina en el que se exponían cuerpos con enfermedades extrañas.

La modelo, que se llamaba Marie van Goethem, era de origen belga, su madre era lavandera y su padre sastre. Vivían en la calle Douai, en la cuesta de Montmarte, justo al lado del estudio alquilado de Degas. Esa vecindad propició la amistad del artista con sus humildes vecinos, y tanto Marie como sus dos hermanas -Antoinette y Louise Joséphine- posaron a menudo para él, unas veces desnudas y otras vestidas. Marie no dejó de hacerlo durante una década, cuando ya no era bailarina porque la echaron del Garnier por hacer novillos. Después nada más volvió a saberse de ella.

Sin embargo fueron muchos los que encontraron el germen del vicio en la escultura; un vicio que se le presuponía que desarrollaría en su madurez, pero que ni siquiera ella sabía que existía. En la época era usual que las figurantes de la Opera Garnier, conocidas como “Petits Rats”, buscasen protectores entre los visitantes del foyer de la ópera, un lugar al que no todo el mundo podía acceder. Pero entre ellos se encontraba Degas, que por su condición social era un habitual del lugar. Por eso, se trata de una niña inmersa en un mundo promiscuo que acabará por desarrollar una bestialidad que ya late en su mirada. En la época la danza no era vista ya con el esplendor de antaño. Las bailarinas, más por su aspecto que por su talento, eran vistas como vividoras, un poco peligrosas y, sobre todo, públicas. Se exhibían, se exponían a un público que iba a juzgarlas por su sensualidad y era también común el mito de la muchacha pobre y de parentesco incierto. Y por ello, muchas de ellas, sin un futuro prometedor, terminaron siendo prostitutas.

Ahora bien, lo que nos sorprende en Degas no es el tema en sí, sino como nos lo presenta. Degas describió sin fingir, sin hipocresía, la sociedad de su época, por eso el escándalo. A Degas podríamos considerarlo como un mirón, el voyeur de la vida moderna. Pero, al contrario de lo que pudiésemos pensar nos muestra a una bailarina alienada que parece no prestar atención al espectador, una bailarina que se aplica en sus ensayos, que casi no es definida. No es definida la bailarina como tampoco lo es la postura que toma Degas frente a ella. Y por eso no sabemos si se adhiere o no al mito de la bailarina como objeto sexual.


El artista se resistió a realizar ejemplares en bronce de esta obra, aunque diversos coleccionistas se lo pidieron. Y no sería hasta después de su muerte cuando los herederos del artista encargaron, entre 1921 y 1938, múltiples fundiciones en bronce de sus esculturas. En 1922 se realizaron un total de 28 copias en bronce, de unos 31 kilos de peso cada una, en la fundición Hébrard de París. La mayoría forman parte de las colecciones de destacadas instituciones, como el Metropolitan Museum de Nueva York, el Museo de Orsay o la Tate Gallery de Londres, de modo que muy pocas quedan ya en colecciones privadas. Por su parte, el modelo original de cera, adquirido por el filántropo americano Paul Mellon en 1956, fue donado posteriormente a la National Gallery of Art de Washington.

Tras 130 años Degas se revalorizaba como uno de los artistas clave en la historia del arte, y en 2009 su despreciada escultura batió el récord en una subasta de Sotheby's, al venderse en Estados Unidos por 19 millones de dólares, convirtiéndose en la obra más cara del artista francés. Curiosamente reapareció en el mercado artístico hace unas semanas. Pero, de momento, seguirá danzando sola. Su caché era demasiado alto. Valorada entre 18 y 25 millones de euros, como muchas de las piezas estrellas de la que se consideraba como la primera puja importante del otoño en Nueva York, se quedó sin comprador.







Foto inferior: Paul Mellon contemplando la obra de Degas en The National Gallery of Art Sculpture Gallery, West Building. ©Dennis Brack/Black Star

1 comentario: