domingo, 29 de enero de 2012

Pero la historia parece que no acaba ahí...


Según la entrada precedente, y de lo que se deriva de la lectura del libro Adela Lucía. La última amante de un rey romántico. Entre la historia y la leyenda, del historiador Norberto Mesado, tras la muerte del rey Alfonso XII, sin un hijo varón que heredase la corona, el asunto se arregló por el método más expeditivo posible. Su mujer, la reina María Cristina, que estaba embarazada en el momento de la muerte del monarca, tuvo una hija, que por lo que afirma el historiado Mesado, fue intercambiada por el hijo que Adela Lucía, la amante del monarca, tuvo casi al mismo tiempo que la reina. De este modo Alfonso XIII, hijo natural de Alfonso XII y Adela Lucía, fue hecho pasar por hijo legítimo del matrimonio real.

El tema ha protagonizado todas mis conversaciones de sobremesa de esta semana. Que el rey tuvo amantes no lo duda nadie. Es sabido que ya su madre, la reina Isabel II, en su exilio parisino, patrocinó la relación de su hijo con la contralto Elena Zanz, que antes y después de la muerte de la reina Mercedes era popularmente conocida como La Favorita. También parece ser que la reina María Cristina estuba convencida de que el monarca dejaría a su amante tras en nacimiento de un príncipe. Pero la realidad fue mucho más cruel. Elena tuvo con su regio amante dos hijos llamados Alfonso y Fernando, mientras la reina daba a luz a María de las Mercedes. Tras una tercera hija de Elena Sanz, Isabel Alfonsa, el Rey cambió a La Favorita por La Biondina, la también contralto Adelina Borghi, igualmente hermosa pero ni elegante ni desprendida, además de la ya conocida Adela Lucía.

Pero hay ciertos detalles que no dan verosimilitud a la historia de Adela Lucía. Muy guapa debía ser la señora para que el rey, pasando en el tren por la estación, quedase prendado de una pobre trabajadora, supuestamente sucia y desaliñada, debido al trabajo que desarrollaba, me comenta irónicamente un amigo historiador. Aunque hay quien no duda de que la reina hubiese dejado a su hija en manos de otra persona, en función de su sentido del deber de Estado. De lo que nadie duda es de que Alfonso XIII era físicamente Habsburgo, se parecía a su madre. Además, nada había en la legislación española que prohibiera reinar a las mujeres. Isabel II, su madre, que había sido reina de España desde 1833 a 1868, es buena prueba de ello. De hecho, la hija mayor del rey Alfonso XII, la infanta María de las Mercedes, fue nombrada Princesa de Asturias, durante toda su vida, con lo cual no hubiese habido ningún conflicto serio en caso de no haber habido un heredero.

La reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, siendo ya viuda del rey Alfonso XII se guió por la sensatez y el equilibrio en sus diecisiete años de regencia. Los historiadores le reconocen su impecable observancia de las obligaciones constitucionales. De hecho, durante el medio siglo que vivió en España fue conocida como Doña Virtudes. Porque María Cristina de Habsburgo llegó a Reina de España precisamente por sus virtudes, públicas y privadas. El recuerdo licencioso de Isabel II y la constatada afición a las faldas del joven rey obligaban a buscar una candidata fiel, que pudiera tener descendencia y que se atuviera religiosamente a los preceptos constitucionales del régimen político español. Y como no parecía persona capaz de enamorar demasiado ni de influir en exceso, pero sí de comportarse con la profesionalidad esperada, nadie mejor que esta hija de los archiduques de Austria, tíos del Emperador Francisco José I, el marido de Sissi, con poco más de 20 años y educada para el matrimonio en el capítulo de Nobles Damas Canonesas de Praga, del que fue nombrada Abadesa, sin rango eclesiástico. No era rica, pero era germánica, católica, estudiosa, melómana y no se le conocía un desliz, ni se le sospechaba.


Pero vivió. María Cristina, cumplida su tarea oficial, se dedicó, entre otras cosas, a poner algún entretenimiento a su soledad. Es ahí cuando entra la leyenda, como se deriva de la lectura de un nuevo libro que un amigo puso sobre mi mesa. En The sex lives of the Kings and Queens of England, el escritor anglo-americano Nigel Cawthorne, afirma que la reina regente María Cristina conoció en Madrid a Jorge de Windsor, entonces duque de York, y posteriormente príncipe de Gales tras la muerte de su abuela la reina Victoria, antes de llegar al trono británico en 1911 con el nombre de Jorge V. La cuestión es que la visita llegó más allá de lo públicamente previsible. Aquél hombre pequeño, de poca envergadura, pero atractivo, culto y sensible sedujo a la reina, que debía sentirse sola en una corte rodeada de gente a la que no entendía muy bien. Y a resultas de aquella visita quedó embarazada. Como en la época la presencia mediática de los monarcas no tenia el alcance actual, y la vestimenta lo permitía, el embarazo pasó desapercibido. Y la reina tuvo una nueva hija, que bautizada con el nombre de Elena Cristina Habsburgo Windsor, vivió en Malta, donde murió en 1990 a la edad de cien años.

Aunque probablemente, como en el caso de Adela Lucía, todo sea una pura leyenda... Todo un Sálvame Deluxe al más puro estilo retro.

Foto superior: Rey Jorge V de Inglaterra. Foto inferior: Reina María Cristina de España.

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