sábado, 10 de diciembre de 2011

Se acabó la fiesta


Todo lo que sube y sube en algún momento tiene que bajar. Tras veinte años de oportunidades y soñar a través de la arquitectura, hemos pasado de la emoción a la conmoción. Pero, ¿cómo se ha llegado al actual panorama de proyectos cancelados, espacios vacíos y edificios públicos sin fondos? Tras el banquete de los años noventa, en los que todo parecía posible, ha llegado el momento de la reflexión. En "Se acabó la fiesta" el escritor Félix de Azúa, los arquitectos Richard Rogers, Blanca Lleó, Emilio Tuñón y Luis Mansilla, los editores de la Revista El Croquis, Fernando Márquez y Richard Levene, y el periodista Llàtzer Moix, reflexionan acerca de la arquitectura realizada en los últimos 20 años en España.

Sin duda, los éxitos de la Barcelona Olímpica y el Guggenheim de Bilbao marcan el inicio del gran milagro arquitectónico español. Pero en lugares como Bilbao encontramos el criterio del especialista porque, como afirma Blanca Lleó, tenemos la suerte de ser muy creativos. Pero la mala suerte de tener muy malos gestores, añade. El Guggenheim ha sido capaz de establecer una relación con su entorno, poniéndolo en valor y revitalizándolo. Sin embargo, el resultado de este fenómeno ha sido una gran borrachera de entusiasmo desarrollista al límite, un derroche de medios; y al hacer mucho más de lo necesario, se ha llegado a ser destructivo.

Muchas ciudades quisieron emular el caso Guggenheim por el simple mecanismo de construir un gran edificio de un arquitecto estrella. Un modelo que no siempre ha funcionado, entre otras razones por no acompasar bien la inversión con el rendimiento que se pretendía obtener. Según Llàtzer Moix cuando uno busca distinguirse pero en el entorno todo el mundo hace lo mismo, la distinción desaparece. Y ahora, al llegar la crisis, este fenómeno ha desaparecido de muerte accidental al poner en evidencia estas operaciones desmesuradas.

Como se afirma en el reportaje de La 2, el poder siempre ha buscado quién dé forma a sus sueños. Por eso, los arquitectos han concebido edificios que en unos casos se han convertido en símbolo del poder, mientras que en otros, los menos, han pasado a ser símbolos. Y, aunque pocos son los genios independientes que han sabido innovar, también es cierto que se necesitan clientes exigentes con los pies en el suelo. Cosa que evidentemente no ha existido en muchas ocasiones.

¿Cuál es la imagen que queda para nuestras ciudades de algo que en sí mismo es un puro derroche estéril cuando no queda para sanidad o educación?. Los edificios son como las personas, pueden ser bellos, pero no por ello tienen que ser buenos...



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