domingo, 11 de diciembre de 2011

¿Por qué nos odian si somos tan buenos?


George Orwell escribió que en una sociedad libre las ideas impopulares podían suprimirse sin necesidad de usar la fuerza. La forma más importante para lograrlo es la buena educación. Si tienes una buena educación, dijo, has interiorizado que existen ciertas cosas que no deben decirse, o incluso, ni siquiera pensarse.

Los que, como Noham Chomsky (Filadelfia, 1928), el mayor intelectual de Estados Unidos, buscan con ahínco la verdad y la justicia son despreciados por quienes tienen como objetivo el poder y los privilegios. Implacablemente autocrítico, ha denunciado y desenmascarado desde hace décadas las mentiras de la élite en el poder y de los mitos que construye. Una pequeña muestra de su trabajo queda recogido en los escritos, conferencias y respuestas seleccionados en La era Obama y otros escritos sobre el imperio de la fuerza, de la editorial Pasado y Presente, donde nos anima a no dar por sentadas nuestras suposiciones y adoptar una actitud escéptica hacia todo lo que sea sabiduría convencional porque si la obligamos a justificarse descubriremos que, por lo general, no puede.

Chomsky nos enseña a vivir en el presente con actitud esperanzadora porque existen opciones, la decisión es nuestra: cada individuo tiene el deber de actuar de acuerdo con principios morales y obligar a quienes están en el poder a hacer lo mismo. El cambio social sigue estando a nuestro alcance. La respuesta depende en gran medida de lo que decidamos hacer, porque escandalizarnos no sirve para nada. Si de verdad queremos impedir nuevas atrocidades, tenemos que intentar averiguar cuáles son sus raíces.

De hecho estamos en el origen de muchas de las que se comenten en el mundo. Nuestros propios crímenes quizás sean monstruosamente peores, pero no entran dentro de nuestro campo de visión. No los estudiamos, no nos informamos sobre ellos, no pensamos en ellos, nadie los menciona. Sencillamente no se nos permite pensar al respecto y, si estamos de acuerdo con que así sea, es nuestra decisión. Pero no debemos olvidar que la vara con que juzgamos hoy a los demás es con la que la historia nos juzgará mañana.

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