domingo, 13 de noviembre de 2011

Palermo: una ciudad en la calle


A mediados del siglo XIX los viajeros de la época afirmaban que en Sicilia la naturaleza había reunido todo lo grandioso y lo bello que podía contenerse en un espacio relativamente pequeño del amplio mundo. Y Palermo, su corazón, ya era conocido en todo el orbe por sus señoriales calles, trazadas casi exclusivamente con palacios, que la reconocían como sede de una opulenta aristocracia; así como las estatuas de reyes alineadas a lo largo de la Marina, con surtidores en las esquinas de las calles y lápidas de mármol anunciando el nombre de sus fundadores; además de sus iglesias, con cuadros de la época de Rafael y las obras maestras de Il Monrealese.

Hoy, la rica ciudad del Mediterráneo antiguo, es una joya cubierta del polvo de la historia, de las desgracias que han reportado los desastres naturales, y del lastre provocado por la guerra, la especulación, la miseria o la delincuencia. Pero, si obviamos estos apuntes que no explican la totalidad de la realidad palermitana, nos encontraremos con una asombrosa ciudad, repleta de historia y vida, la amalgama que forma el gran puzzle de estrellas que brillan en Palermo.

Siendo tan abigarrada tiene un trazado poco regular, con calles estrechas, incluso las relativamente importantes. Lo más sugerente es callejear y descubrir una ciudad en la que los vestigios de sus diferentes conquistadores son tan variados que permiten coexistir la mezquita arabo-normanda de San Giovanni degli Eremiti, con la genial catedral, la capilla palatina del Palacio Normando, o la plaza de Quattro Canti, donde convergen las dos vías principales de la ciudad, Vittorio Emmanuele y Via Maqueda.

Pero donde realmente hoy se encuentra la vida del Palermo tradicional es en los bulliciosos mercados, con sus puestos de fruta, pescado, carne, quesos, conservas o especias, como el de Ballarò, entre las plazas del Carmine y Ballarò; el de Capo-Porta Carini, en la parte alta del barrio Seralcadio o el de Vucchiria, alrededor de la plaza Caracciolo y la vía Argenteria. Sorprende descubrir en este último, entre la mezcla de los olores y colores de los productos a la venta y de los sonidos de la calle, la Iglesia de Santa Eulalia de los Catalanes, construída en el siglo XVII en el lugar donde se encontraba la lonja de la Corona de Aragón, llegada a esta ciudad en el siglo XIII. Esta espléndida iglesia desacralizada, propiedad de la Obra Pía, fue restaurada en el año 2002 por la Generalitat de Catalunya para cederla cuatro años después como sede del Instituto Cervantes. Curiosamente, si en la calle la vida se encuentra en el ritmo trepidante de los puestos del mercado, una vez dentro el recogimiento y el silencio nos puso a la mesa, invitándonos a comprar, preparar y servir los productos que el mercado nos ofrece.




Imagen superior: “La Vucciria”, de Renato Guttuso. 1974, Palazzo Chiaramonte, detto Steri, Università degli Studi di Palermo.

2 comentarios:

  1. Buen apunte de viaje (aunque yo, salvo por algunos documentales, no conozco Palermo).
    Me ha gustado que no hayas caído en el trillado tópico de contar lo de las famosas momias: para muchos de los turistas que van a esa ciudad, según dicen a su regreso, es lo más interesante que recuerdan haber visto en ella...

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  2. yo estoy parando en un apart hotel en recoleta re cerca de palermo, que buenas experiencias de viajes se tienen!

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