martes, 22 de noviembre de 2011

Material sensible


El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la educación de un país, uno de los barómetros que marcan su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad de un pueblo; y un teatro destrozado, donde, como tan visualmente afirma Miguel García-Posada, las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar y adormecer a una nación entera. Ni qué decir tiene que la mejor evidencia de ello son algunos de los ejemplos que desde la televisión intentan alienarnos con obsesivo empeño, día tras día, año tras año.

El teatro es una escuela de llanto y de risa; una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equivocadas y explicar, con ejemplos vivos, normas eternas del corazón y el sentimiento del hombre. Por eso, una sociedad que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerta, está moribunda. Sin duda alguna.

Empar Claramunt, de Teatre Buffo, entrará mañana en el salón de actos del Edificio Hucha de la Fundación Caja Castellón-Bancaja, -convertido momentáneamente en sala de teatro-, de la mano de La Niña que Riega la Albahaca, de Federico García Lorca. Este viejo cuento andaluz en tres estampas y un cromo, que Federico adaptó para títeres con la colaboración del maestro Falla en la parte musical, fue estrenado en su propia casa la noche del 5 de enero de 1923 para la fiesta de Reyes de su hermana Isabel. En él descubrimos cómo la niña Irene lograba, a través de juegos de burlas y engaños y disfrazándose de mago, curar al Príncipe que se encontraba muy malherido por culpa del amor. Musicalidad, poesía y humor como homenaje a un gran artista que concibió la magia de una poética para niños con una fuerza y sensibilidad que salpica el mundo de los adultos.

No son buenos tiempos para la lírica. Pero tampoco podemos aceptar que la cultura es un inacabable prado donde siempre queda algo que podar. Por eso, un teatro como lugar para reflexionar no está mal, porque, a pesar de las dificultades, el ser humano no puede estar sin música, sin literatura, sin arte. Siempre ha sido así.

2 comentarios:

  1. No son buenos tiempos para la lírica... Se barruntan, además, nubosidades, cuando no tormentas...
    Pero precisamente por eso es en estos tiempos cuando más debemos mimarla -como organizadores o espectadores-, cuando más debemos protegerla de las "inclemencias" del tiempo...
    Sea bienvenido, pues, cualquier proyecto de acercar el teatro a la gente, como el de Empar Claramunt que refieres.
    Hay vocaciones tardías para el teatro, pero generalmente es en la infancia cuando empieza a germinar la semillita de la afición: a mí, al menos, me pasó.
    ¡A disfrutar de esa niña lorquiana!

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  2. No puedo estar más de acuerdo con lo que se dice en esta entrada. He llegado a vuestro blog a través del Laboratorio Bookad y me ha gustado mucho lo que he leído. Será un placer seguir este espacio.

    Saludos

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