jueves, 13 de octubre de 2011

Casticismo de abolengo


La aristocracia de rancio abolengo y la exaltación del flamenco abren las portadas de todos los periódicos y revistas de esta semana. Imágenes que inevitablemente nos derivan hacia lo castizo y pintoresco, lo que entendemos por español en general, y andaluz en particular. Una sensibilidad heredada del Romanticismo e investida de un aura idealizada y no sin cierto provincianismo.

Es la España cantada por Gautier, Quinet y Mérimée, entre la mezquita cordobesa, la Alhambra y las pinturas de Zurbarán, Velázquez y Murillo; medio mora y medio cristiana, mitad real y mitad inventada. La España de Cook, Borrow, Ford o del célebre Washington Irving; la de los bailes, ferias y mercados populares, que estos viajeros y escritores recrearon sin dejar de hacer referencias irónicas al catolicismo papista de la población; una imagen de España que aparecía a sus ojos como antesala del mundo oriental, en la que tan sólo se había sustituido el Corán por el Nuevo Testamento.

Inevitable recordar la imagen del tópico. La de los españoles considerados fanfarrones, orgullosos, susceptibles, celosos, salvajes y violentos, y al mismo tiempo leales, hospitalarios, sufridos, nobles y con un sentido democrático por el que el más pobre no se considera menos que el rico y poderoso. Y a la hora de destacar personajes lo hacen con aquellos a los que después se les va a sacar partido literario: Carmen, la cigarrera; José María, el bandolero; Paquito, el torero o Don Juan, el seductor. Todos ellos dispuestos a formar parte de la leyenda.

Como ocurriera hace ya dos siglos, estos días la prensa nos ha mostrado la expresión de una sociedad andaluza que no tiene nada que ver con la Andalucía moderna. Una imagen en la que lo popular y lo religioso aparecen representados en los estereotipos vigentes de lo español: el mundo del toro con sus hombres morenos y el del baile, personalizado en sus mujeres gitanas de hermosa cabellera negra, ojos grandes y vivos y su gracia al andar. Sólo han cambiado los protagonistas, ahora sustituidos por personajes de la prensa del corazón.

Una imagen tópica y de cliché de un casticismo distorsionado, idealizado, exagerado y deformado que sigue teniendo demasiada fuerza, una etiqueta de la que todavía parece que es difícil escapar.

Aunque, como en todo, siempre podremos disfrutar de su esencia. 




3 comentarios:

  1. En una palabra: caspa...

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  2. Gràcies per regalar-nos amb els teus escrits allò que a molts ens agradaria dir peroò, no saben com fer-ho.
    Tot el que ha aparegut en premsa la setmana passada no ho he llegit; tan sols, en la perruqueria he trobat la revista "Hola i he vist le fotos.
    Sembla que aquesta senyora es posa "Espanya per montera" (tenia molts toreros com invitats) però, tot i això, cal dir que ha resultat esperpèntica i fins i tot, devaluadora de l'essència que ella vol mostrar.
    A continuació, reforces la teva argumentació amb un exel·lens videos. Una v egada més gràcies. Rosario

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  3. Son las dos caras de la tradición: por una parte su degradación (el tópico) y por otra la sublimación (el arte).

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