miércoles, 7 de septiembre de 2011

Los ciegos del elefante


La parábola india de “Los ciegos y el elefante” narra cómo un grupo de ciegos toca el cuerpo del animal para comprender cómo es. Pero como cada uno de ellos toca una parte distinta de la que han tocado sus compañeros se dan cuenta, al comparar sus observaciones, de que no coinciden en nada. Por ello, este relato ilustra la incapacidad del hombre para conocer, a veces, la totalidad de la realidad. Y nos permite entender que hay personas que tienen un sistema de creencias diferente al nuestro, que la verdad puede ser dicha de diferentes maneras.

Buda usó la parábola haciendo referencia a los ciegos que guían a otros ciegos, como ejemplo del sectarismo al referirse a los que, en su ceguera, no perciben lo que les rodea y solo ven un lado de las cosas.

En otra historia, la del traje nuevo del emperador, todos son conscientes de la desnudez del monarca. Cuando Andersen lo escribió nos dejó un claro mensaje de advertencia: sólo porque muchos crean que algo es verdad, no significa que lo sea. Que muchos se obsesionen en defender lo contrario a lo obvio no quita fuerza a lo que es evidente, porque a veces la verdad es poco señalada por miedo, por temor, por vergüenza, por parecer estúpido o poco informado.

A diferencia de las líneas de telefonía móvil, para lo bueno y para lo malo, la amistad no es algo a lo que nos unimos con contrato de permanencia. Y me parece que acabo de perder una de esas estimadas amistades, que creí para siempre, por el hecho de no compartir criterio, por no ver las cosas del mismo modo, por tener otro punto de vista, porque cada uno de nosotros toca una parte diferente del elefante, porque donde uno ve ricos brocados el otro solo ve desnudez.

Parece ser que cada vez con mayor frecuencia el debate se convierte en desencuentro porque vivimos en una época de posturas encontradas. Conmigo o contra mí. Blanco o negro. O me adulas o me odias. O me admiras o me criticas. Y todo ello, además, incondicionalmente. Esa cerrilidad no constituye el espíritu que ha hecho progresar al mundo, pues contradice la suprema dignidad que a todos nos corresponde de pensar y juzgar por nosotros mismos. Lo siento. Si de lo que se trata es actuar como el ganado, para eso hay que irse al monte.

Por eso vivo en Castellón. Castellón de la Plana.

2 comentarios:

  1. Conocía menos la parábola del elefante y los ciegos, pero el cuento del emperador desnudo es uno de mis predilectos y lo aplico con frecuencia en diversas situaciones.
    En cuanto a esa estimada amistad perdida por una disparidad de criterio, me da la impresión de que si no ha resistido esa confrontación es que, tal vez, no era demasiado sólida...
    Yo puedo decir que conservo antiguas amistades, aunque en la actualidad tengamos aficiones y formas de pensar diferentes a las que, hace muchos años, nos motivaban.
    Pero el cariño y el recíproco respeto (bueno, y también algunas afinidades que hemos conservado, claro) han hecho que presumamos de nuestra buena relación amistosa al cabo de tanto tiempo.

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  2. Nunca se pierde del todo,nada.Queda archivado en nuestro cerebro.Con los años te vas endureciendo ante los afectos.Son cambiantes,pero no anulantes.

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