viernes, 23 de septiembre de 2011

Las trece últimas horas en la vida de García Lorca


El historiador Miguel Caballero Pérez ha dedicado buena parte de su trabajo a desentrañar los misterios que envuelven la desaparición de Lorca, de la que se cumplen ahora 75 años. Su exhaustiva investigación, plasmada en el libro Las 13 últimas horas en la vida de García Lorca, redunda en la idea ya diseccionada por el autor en Historia de una familia. La verdad sobre el asesinato de García Lorca, que quita épica e idealismo a la muerte del poeta.

Rencillas privadas, lejanas a posicionamientos políticos y a otras causas maceradas en la cuba de los odios nos conducen a la vega de Granada en 1880. En ese momento la familia de Lorca, compuesta por labradores arrendatarios de la nobleza terrateniente, intentaba ascender en la escala social. Aspiran a ser propietarios de las tierras que labran desde tiempo inmemorial a una nobleza en descomposición social y económica que vive en Madrid muy por encima de sus posibilidades. Es esta aristocracia la que nombra encargados de las propiedades a los Roldán, García Lorca y otros, entre los que se encuentra la familia de Francisca Alba (Bernarda Alba en el drama rural de García Lorca), que se lucran de manera ilícita y se alían para comprarlas en indiviso ya que no tenían suficiente dinero para comprarlas a título particular. De este modo se da comienzo a un proceso de enriquecimiento, gracias al cultivo de la remolacha azucarera en la vega granadina, tras el corte del suministro de azúcar con motivo de la pérdida de Cuba en la guerra de 1898.

En décadas posteriores, los ya propietarios se repartirán sus terrenos en procesos en los que surgen divergencias debido a la calidad de las tierras, sus servidumbres y sus horas de riego. En una segunda etapa de enriquecimiento, estos labradores propietarios participan en la fase de industrialización del azúcar, dando lugar a la chispa que encendió las desavenencias entre los García Lorca y los Roldán, que tendría otro episodio en 1905, cuando el padre del poeta tiene conocimiento de la instalación de una fabrica azucarera entre cuyo accionariado se encuentra la familia Roldán. El padre del poeta, sin ser accionista de dicha fábrica, logra vender los terrenos para su instalación gracias a sus influencias. Esto molesta sobremanera a los Roldán, que hubiesen querido que la fábrica se instalase en sus tierras, de modo que en las sucesivas ampliaciones de la industria, le tendrán que comprar las tierras a la familia García Lorca.

En un año de escasez de remolacha, como fue 1931, el padre de García Lorca logra paralizar la actividad de la fábrica de los Roldán con unas denuncias por vertidos de residuos de la industria a las acequias que regaban sus tierras, y de este modo consigue inmovilizar la industria de los Roldán para que la remolacha fuera a parar a la factoría de la que él era accionista. Es una larga lucha de hombres de negocios, que continuaría en otros episodios, generando unas rencillas que no olvidaría la familia Roldán. Dos familias que a toda costa intentaban emularse y superarse la una a la otra, pero en la que los García Lorca siempre resultaron mejor situados.

Por último, y en lo que se puede considerar una venganza literaria por parte del poeta contra las familias Roldán y Alba, que eran prácticamente la misma, Federico les agravió con la escritura de La casa de Bernarda Alba, en la que el poeta recrea las miserias de esta familia. Fue 
esta venganza literaria en toda regla, en la que oscuras pasiones todo lo inundan, la que selló la sentencia de muerte de Lorca, pues ataca a Francisca Alba (Bernarda Alba) tildándola de autoritaria cuando de hecho era un mujer muy generosa. También ofende a su segundo marido, Alejandro Rodríguez, presentándolo como mujeriego que levanta la falda a las criadas. Y todo ello sin cambiar siquiera los nombres, por lo que los Alba se molestaron muchísimo.

Por todo esto, cuando el dramaturgo volvió a Granada, los cuchillos le esperaban en alto en busca de revancha. Para el historiador, las familias Roldán y Alba fueron los instigadores intelectuales del asesinato, en el que no mediaron motivos políticos. El hecho es que García Lorca estaba rodeado de una serie de circunstancias y de personajes que hacían difícil que pudiera escapar de su destino, el caldo de cultivo explosivo de la Guerra Civil hizo que las ganas de venganza existentes contra su padre se materializasen en él, que era la joya de la familia.


Foto: Manuscrito de La casa de Bernarda Alba, 19 de junio de 1936. Colección Fundación Federico García Lorca, Madrid.

1 comentario:

  1. Hola Alfredo: Pero qué interesante el "Agitaciones" de esta semana. De donde se desprende que las cosas rara vez son simples, y que la vida es un tejido de fibras diferentes, de procedencia y características complejisimas. Bueno, el caso es que no tenía ni idea de la problemática económica del asunto. Gracias. Un abrazo Mario

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