domingo, 18 de septiembre de 2011

La deuda


En “La deuda” tres agentes del Mossad capturan en Berlín Este, en una misión realizada entre 1965 y 1966, al criminal de guerra nazi Dieter Vogel, el temible “Cirujano de Birkenau”. El equipo paga un considerable precio para cumplir la misión, lo que les merece la más alta consideración una vez de regreso a su país. Pero, ¿de verdad la cumplieron? Finalmente, Rachel, uno de los tres agentes, ya retirada, no tendrá más remedio que ocuparse personalmente del asunto y zanjarlo de manera expeditiva.

Viendo esta película es inevitable reflexionar, al margen de cuestiones morales acerca de la barbarie nazi y del desarrollo de determinados episodios de la historia europea del siglo XX, sobre el punto en el que se encuentra la frontera que separa el sentido de justicia del de venganza.

En cada época la sociedad ha determinado el valor de la justicia, surgida de la necesidad de mantener la armonía entre sus integrantes. Es de suponer, por tanto, que los jueces deben proceder según las leyes vigentes, pero en determinados momentos se les opone una exigencia moral, una pasión, de modo que la legalidad en esos casos pueda convertirse en una arbitrariedad cuando los hechos nos empujan a la aplicación de un castigo más que solemne. ¿Pueden cambiarse las reglas?

Rousseau, en en El Contrato Social viene a decir que cuando alguien ataca el derecho social es preciso que perezca en beneficio de la perdurabilidad del Estado. Pellegrino Rossi añade que la pena capital cumple una función positiva en una época determinada, teniendo que ser abolida cuando deje de cumplirse dicha función. Pero, ante esto, cabe preguntarse qué cabida tiene en nuestros estados democráticos, de derecho y sociales, este sentido de justicia sustentado en el fundamento de la Ley de Talión, que persigue un objetivo más injurioso que reparador. La conclusión es más que clara. Las respuestas posteriores al delito, tales como la pena de muerte y la cadena perpetua, no son más que el reflejo del fracaso del Estado en llevar a cabo sus funciones. Y este fracaso recae sobre la vida y libertades de un sujeto. Porque aceptar lo intolerable pone en cuestión nuestra propia identidad.

Si un acto de justicia permite cerrar un capítulo, uno de venganza escribe uno nuevo y aceptarlo pone en cuestión nuestra propia identidad.

1 comentario:

  1. La justicia debe saber pararse siempre antes de cruzar la sutil línea que la separa de la venganza...

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