sábado, 3 de septiembre de 2011

La Casa de la Cascada


Se dice que uno de los lugares que hay que visitar antes de morir es la Residencia Kaufmann. Dicho así pocos serán los que entiendan por qué. Pero al saber que se trata de Fallingwater House, la más que célebre casa de la cascada que Frank Lloyd Wright diseñó en 1936 al sureste de Pittsburgh, en Pensilvania, pocos cuestionarán la afirmación de que es probablemente la mejor vivienda de todos los tiempos.

Este lugar había sido propiedad durante 15 años de la familia Kaufmann, dueños de unos grandes almacenes en Pittsburgh. Cuando le encargaron a Wright el diseño de la que sería su residencia de fin de semana, tenían en mente una casa enfrente de la cascada del arroyo Bear Run, y de ese modo poder apreciarla. Sin embargo, el autor integró su diseño con la propia cascada, posándola justo encima de ésta, para que pasara a ser parte de la vida de los Kaufmann.

Porque es en esta casa, que sigue los principios de la "arquitectura orgánica", enfatizados por Wright en su escuela, donde se redefinió a la perfección su mayor logro, la fusión entre el hombre, la arquitectura y la naturaleza. Una casa que como afirmó el propio autor está "diseñada para la música de la cascada... para quien le gusta oírla". De hecho, la casa fue pensada para que siempre se sintiera la fuerza con que cae el agua, no visualmente, sino a través del sonido. Y por eso, aún hoy en día se escucha desde cualquier lugar del edificio.

Para la cimentación del edificio se aprovechó el relieve rocoso ligeramente accidentado del lugar y se mantuvo prácticamente virgen el bosque de árboles caducifolios preexistente, ya que solo un camino peatonal conduce a la casa. Del propio terreno se extrajeron rocas que conforman las mamposterías de la parte baja de las fachadas, colocadas en ese lugar para crear una progresión desde la roca natural del suelo hasta el hormigón de las partes altas; mientras que el resto de las fachadas, al ser de color crema, constrastan armónicamente con el entorno verde o marrón, según sea la estación.

El diseño del interior se resolvió alrededor de la chimenea, el corazón de la casa, considerada como el lugar de reunión de la familia. Algunas rocas del terreno sobrepasan el ancho forjado de la primera planta asomándose junto a la chimenea, lo que trae físicamente la cascada al interior del edificio. Una casa de habitaciones sencillas, pero que se relacionan con el entorno natural. Así, las circulaciones dentro de la casa son oscuras, con pasillos estrechos, para que los habitantes tengan una sensación de encierro en contraste con lo abierto a medida que se acercan al exterior. Y los techos de las habitaciones son bajos, con el fin de dirigir la mirada horizontal hacia afuera.

La belleza de estos espacios se encuentra en sus conexión con la naturaleza. Como en las largas terrazas en voladizo que, proyectadas hacia afuera en ángulos rectos, aportan un elemento escultural a la casa de modo que la perfección de todos estos detalles perfecciona la casa en sí.

No hay duda de que la casa de la cascada, que es ahora un monumento histórico nacional, es una obra extraordinaria. Es la presencia física y espiritual del hombre y la arquitectura en armonía con la naturaleza.  Por eso, estos días, desde los monolitos inexpresivos de hormigón y ladrillo, sin personalidad, pero pretenciosamente modernos y funcionales de mi ciudad, contemplo en la distancia cómo se celebra su 75 aniversario.


4 comentarios:

  1. no sé muy bien porqué antes de morir uno tiene que ir a visitar una casa que nunca poseyó....a menos que sea un tanatorio para echar un vistazo.....

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  2. Me temo que moriré sin visitar Fallingwater House: hay muchas más cosas en el mundo que me gustaría ver antes...
    La casa es una maravilla de diseño, que conste. Parece proyectada en la actualidad. Es ejemplar. Me encanta. Ya la conocía por fotos o documentales, como también otras obras de Frank Lloyd Wright.
    El paisaje es muy atrayente, con esa bella cascada.
    Sin embargo...
    Sin embargo, soy de la misma opinión que los Kaufmann, que deseaban una casa desde la que se viera la cascada: me imagino el panorama tras los ventanales.
    Integrar la casa con la cascada me parece que fue, sinceramente, cargarse la cascada: ¿lo permitirían hoy?
    Además, por otra parte, estar día y noche oyendo dentro de la vivienda el ruido del agua, por muy bucólico que sea, debe de ser un tanto pesado...

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  3. Yo también he pensado lo del constante sonido del agua, que pueda ser pesado.

    También es cierto que en España no permitirían, afortunadamente construir encima del curso de un río.

    Pero lo que nadie discutirá es que una corriente de agua nos recarga positivamente, nos equilibra espiritualmente... Eso debe ser maravilloso

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  4. La audacia del proyecto es absolutamentenatrayente.Hoy quizá no la dejarían construir ,por problemas de ecologicos.

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