domingo, 19 de junio de 2011

Leviathan en el Grand Palais


Una exposición es básicamente una experiencia visual compuesta por tres elementos: la obra de arte, el espacio donde se exhibe y el espectador. Es una manifestación pública cuya intención principal, la de comunicar exhibiendo obras únicas, se imbrica con diversos factores que le confieren cualidades especiales ligadas a los sentidos y al conocimiento. Su aparición es relativamente reciente, y de hecho tan solo han pasado unas décadas desde que ha adquirido un papel de primer orden como manifestación cultural de masas.

A pesar de lo intrincado del mundo del arte actual y por más que la obra de arte esté destinada a su circulación mediática, salta a la vista que en la exposición real desempeña un papel determinante. Hasta tal punto es así que un mal diseño, un montaje inadecuado que incida en el discurso de una exposición, es capaz, por sí solo, de malograrla. Si el diseño obstaculiza, en lugar de favorecer, el encuentro de espectador con la obra de arte, el fracaso de la exposición está asegurado y únicamente la excepcionalidad de la obra o su fácil lectura –lo que raramente ocurre con el arte actual- pueden llegar a mitigarlo.

Poner en escena el discurso de una exposición de arte actual requiere establecer un diálogo con el espacio y las obras entre sí de manera que su percepción no se vea perjudicada. Por ello se requiere valorar las limitaciones que la propia arquitectura impone y conseguir que el visitante pueda moverse con absoluta libertad para permitir una buena comunicación entre la obra y el espectador.


Nada mejor para enteder esta idea que las obras e intervenciones del escultor y arquitecto angloíndio Anish Kapoor (Bombay, 1954). Tachadas en algunos casos de megalómanas, logran, desde luego, cambiar la percepción del espacio.

Bendecido por gran parte de la crítica, y cada día más aclamado por un público que suele quedar sin capacidad de reacción al contemplar sus espectaculares obras, Kapoor nos asombra estos días con varias exposiciones simultáneas en las que nos demuestra que es el gran mago contemporáneo de la escultura.

Su éxito es tan unánime, y su ausencia de polémica le resulta tan cómoda al establishment del arte, que ya parece no negarle ningún reto. Por eso, tras enamorar en el Parque Millennium de Chicago con su Cloud Gate, quizá la obra contemporánea más visitada de la actualidad, el escultor seduce ahora a París con una pieza especialmente concebida para el Gran Palais con motivo de la Monumenta 2011. Se trata de un descomunal pero sutil hinchable de goma roja traslúcida que ocupa el lugar y lo transforma, planteando temas fundamentales como son la escala, la perspectiva y la luz. El recorrido empieza en el interior de la pieza. La luz que se filtra por la superficie de la escultura crea una penumbra roja casi mística que lo impregna todo. En el exterior, la forma y el volumen nos empuja a dar vueltas en silencio en torno a ella.

Kapoor ha llamado a esta instalación Leviathan, en recuerdo del monstruo marino de la mitología judeocristiana. "Un monstruo marino es grande, amorfo, incontrolable que provoca emociones", afirmaba en la presentación. Su obra, desde luego, impresiona gracias a una concepción del arte en la que lo que se busca es conmover. Y desde luego, lo consigue.


4 comentarios:

  1. ¿Os conmueve la grandeza ,o la belleza. No es bello, es grandioso, obra de ingienieria,,,,,,,,,,,,¿es arte?

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  2. Yo creo que la envergadura que el autor da a sus obras hace que el espectador las perciba de un modo diferente. El juego de las escalas también es importante en este sentido. Lograr esa sensación... para mí es arte. Se pueden hacer cosas grandes pero sin alma

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  3. Muchas gracias Daniel, un saludo

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