viernes, 22 de abril de 2011

Medallones


Que alguien diga en voz alta que un dictador sanguinario no era tan malo porque en su vejez era una persona sencilla y cariñosa, no deja de ser una absoluta indecencia. Esa y no otra es la razón por la que decidí releer Medallones, el turbador libro que la escritora y periodista Zofia Nałkowska (1884-1954) escribió en 1946 tras participar en los trabajos de la comisión encargada de investigar los crímenes nazis en Polonia al calor del recién descubierto horror de la solución final. Porque hay relatos que por más que estén oídos nunca dejan de impresionar, porque es imposible no sentir el dolor de las víctimas y la desesperación de los supervivientes y porque es inevitable pensar en el daño que podemos provocar con nuestra dejadez e indiferencia.

Afirma la autora que si abarcamos con el pensamiento la inmensa cantidad de muertes a ritmo acelerado que tuvo lugar –independientemente de las operaciones de guerra- en el territorio de Polonia, el sentimiento más fuerte que experimentamos, aparte del horror, es el de asombro. Inconmensurables masas humanas fueron gaseadas y quemadas gracias a una organización escrupulosamente meditada, racionalizada, eficiente y perfeccionada que convirtió a millones de existencias humanas en materia prima y en mercancía en los campos de exterminio.

A los prisioneros se les ordenaba desnudarse de modo que prendas de lana, zapatos, joyas y objetos de uso personal pudiesen ser recuperados con destino al Reich. Todo tenía su valor: los huesos quemados se usaban como abono, la grasa de los asesinados se transformaba en jabón, la piel curtida en pergamino o el pelo servía de relleno para colchones. Y todo ello contribuyó a la enorme empresa estatal que a lo largo de los años aportó unos beneficios inconmensurables procedentes del suplicio y terror humanos, de la abyección y el crimen, y constituía la razón económica fundamental de toda aquella empresa. El postulado ideológico del exterminio de razas y nacionalidades perseguía este objetivo y constituía su justificación.

Esta empresa, pensada y realizada con tanto rigor, fue obra de hombres. Fueron hombres quienes la ejecutaron y hombres quienes la padecieron. Fueron hombres quienes a otros hombres depararon semejante destino. Fueron hombres cuyos actos nos resultan inconcebibles por el mal que encierran, pero que acabaron cayendo en la normalidad más absoluta y en la aceptación de que lo anormal acaba convertido en asumible y, posteriormente, totalmente aceptable. Hombres-verdugos que podían hacer todo esto pese a no estar obligados a ello, pero a los que se había hecho todo lo posible para suscitar y activar en ellos aquellas fuerzas que dormitan en el subconsciente que no debieran manifestarse jamás.

¿Qué clase de hombres?.

6 comentarios:

  1. Todos ellos, como Jesús -está muy bien que hayas escrito el post precisamente en Semana Santa-, tuvieron su pasión y muerte.
    Para el primero, la Iglesia estableció el mito de la resurrección; para los segundos, no se divulgaron leyendas semejantes.
    Que sea el recuerdo del horror nazi el que no muera, que no caiga en el olvido, que se mantenga vivo, generación a generación.

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  2. Primero, la Resurrección de Jesús no es un mito. Es la verdad que fundamenta la fe de todos los cristianos. Jesús resucitó al tercer día según la escrituras. Se le apareció primero a las mujeres, después a los apóstoles y discípulos. Lo vieron, lo tocaron y compartieron con Él. Y hasta el día de hoy, Jesús sigue vivo en la Eucaristía y en la vida de los que lo siguen y predican su Evangelio, con palabras y obras. Ahora bien, con respecto a las personas que han causado tanto mal y acontecimientos tan dolorosos y terribles como el holocausto, no hay que olvidarse de ellos por lo que significó en la historia, sino para darnos cuenta que sólo la ausencia de Dios y el pecado es lo que nos llevan a estos extremos tan terribles. Y que nos sirva de experiencia para darnos cuenta que cuando empezamos a aceptar y asumir las cosas anormales como normales (legalizar aborto, matrimonio homosexuales, prostitución, drogas...) eso lo que va a hacer es que el mismo hombre se vaya destruyendo poco a poco, llegando hasta el fin total de la humanidad. Por eso, lo mejor es volver a Dios, reconocer que Jesús es el Señor y cumplir los diez mandamientos, que nos los dio Dios para nuestro bien y felicidad, y dejar de inventar leyes que son moralmente inaceptables.

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  3. @Maria Antonieta Arnal: Primero, la Resurrección no solo es un mito, sino que es científicamente imposible (a no ser que Jesús no hubiera muerto). Segundo, y usted ha dado la respuesta, es la verdad que fundamenta la fe de todos los cristianos. Pues perfecto, créanse ustedes su verdad y déjenos al resto del mundo tranquilos. No intenten imponérnosla con ese tono condescendiente que solo hace que ocultar un deseo encendido, irrefrenable y enfermizo de imponer su voluntad a costa de todo. Tercero, repásese usted los libros de historia y verá cuántos acontecimientos execrables han sido perpetrados en nombre de Dios y con presencia de Él (o de su representante en la Tierra). Todavía me entran escalofríos al recordar la estampa de Juan Pablo II dando la comunión al General Augusto Pinochet, que para usted debe ser la representación de la bondad terrenal. ¿De verdad piensa que alguien en este mundo cree que el Papa no sabía de las atrocidades cometidas por el dictador chileno? Y ejemplos como estos hay mil. Así que, menos predicar de las bondades morales de su religión y pónganse ustedes a trabajar realmente por lo que Jesús trabajó, por la libertad de los oprimidos. Cuarto, lo que usted llama anormal no es sino poco común: solo una parte pequeña de la población aborta, es homosexual, se prostituye, se droga..., no estamos hablando de generalidades. Lo anormal, con el tono despectivo que usted lo usa, es para usted todo aquello que se aleja de SU MORAL, que es una e inamovible, la CATOLICA. Preceptos que usted seguirá, no porque haya llegado libremente a esa conclusión habiendo calibrado otros modos de pensar, sino porque voluntariamente ha decidido creer aborregadamente en la verdad que otros le presentan, dando la espalda a ese don que su Dios nos ha dado a todos los seres humanos: la razón. ¿Le parece a usted muy normal que un hombre pase su vida embutido en una sotana negra, absteniéndose de practicar ningún tipo de sexo y sublimando sus instintos? Más que anormal, a mi me parece imposible, por lo que es más sangrante todavía que sigan predicando lo que, por seguro, no hacen. Quinto, una ley no puede ser moral porque hay tantas morales como seres humanos. La ley tiene que ser justa, y no seguir los dictados de una confesión en particular. Sexta y última: en esto estoy algo de acuerdo con usted, habrá que volver a Dios, pero nunca antes que ustedes. Y sobre todo, dejen ustedes ese tono paternalista en el que parece que nos perdonan todos nuestros pecados a los demás. Mírense ustedes en el espejo y dígannos cuánto de lo que ven realmente les gusta. ¡Qué cansancio de gente!

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  4. Para los que no creen en la resurrección leer ésto http://www.globovision.com/news.php?nid=2758
    La verdad expresada por la ley moral es la verdad del ser, tal como es pensado y querido no por nosotros, sino por Dios que nos ha creado (Juan Pablo II).
    La ley moral es la expresión de las exigencias de la persona humana, que ha sido pensada y querida por la Sabiduría creadora de Dios, como destinada a la comunión con El.-JPII

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  5. @Maria Antonieta: A mí no me vas a convencer, y si quieres que te diga algo, si como parece, sigues este blog, te habrás dado cuenta de cuan lejos está de tus planteamientos morales. Si te gusta leerlo, perfecto, pero creo que estás predicando en el desierto. Me encanta debatir con argumentos con personas que no piensan como yo, pero siempre desde la razón. No estoy para discutir sobre supersticiones. Lo siento.

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  6. concha garcibáñez27 de enero de 2013, 9:08

    Y pensar que todavía hay quien dice que no existió nunca... ¿Como pueden hacerlo?

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