miércoles, 6 de abril de 2011

Fisgar por el ojo de la cerradura


Estilo, sofisticación, elegancia, chic, gracia, personalidad, carisma, magnetismo y encanto son algunas facetas que hacen del glamour una energía, un estado de la mente, una substancia invisible y sutil que todo lo puede y provoca que las personas que lo tienen brillen y destaquen seguras de sí mismas sobre el común de los mortales.

La cuestión de hoy en día es que nos recomiendan ser glamurosos a cualquier hora. No queda más remedio que tener glamour. Nos lo venden por todas partes como el ingrediente mágico del que está hecho el éxito en cualquiera de sus acepciones.

¿Pero qué es realmente el glamour? ¿Cuál es la materia de la que se compone la fascinación? Encantar significa, primero que nada, someter a poderes mágicos y también atraer o ganar la voluntad de alguien aunque sea con razones aparentes y engañosas. De ahí que podamos por ello decir que la fascinación por el glamour sea en cierto modo un embrujo. Un embrujo sensual que entra por los sentidos, al que cuesta resistirse.

Con la llegada de la primavera la Fundación Caja Castellón apela al glamour a través de todos nuestros sentidos. Si ayer era Cristina Morató quien nos demostraba que sus “Divas Rebeldes” nos siguen cautivando porque sus vidas nos demuestran que los cuentos de hadas existen, aunque no siempre tengan un final feliz, el próximo miércoles tenemos la oportunidad de repetir la experiencia escuchando una historia de lujosas joyas y refinados vestidos de impresión, reyes y reinas destronados, e intrigas en la Alta Sociedad que seguro que nos resultan, como no podía ser de otra manera, terriblemente glamurosas.

Porque frente a estas celebridades alejadas de lo simple y cotidiano, para el resto de los mortales solo queda la curiosidad desmedida por conocer la vida más íntima de estos personajes a seguir que insinúan más que muestran y que por ello nos resultan tan fascinantes. Y aunque resulta difícil tratar de racionalizar una actitud que muy pocos se atreven a reconocer en público, la realidad es que es un comportamiento inherente al ser humano y forma parte de nuestra naturaleza. Un comportamiento que todos practicamos en mayor o menor grado porque nos permite relativizar nuestra propia vida al poder compararla con la de los demás, mientras fisgamos su halo dorado por el ojo de la cerradura.



Foto arriba: Nicole Kidman, por Annie Leibovitz, 2003
Foto abajo: Angelina Jolie, por Mario Testino, 2004

1 comentario:

  1. Y aunque no exista un halo dorado para observar, al ser humano le atrae, en general y en mayor o menor medida de curiosidad, saber cosas del prójimo...
    En cuanto al glamour, he de decir que me gusta sobre todo el que emana espontáneamente de algunas personas, no necesariamente famosas, sin la ayuda de rebuscados artificios o difundidas leyendas urbanas.
    Pero, claro, tal vez esto no sea lo que se entiende convencionalmente por glamour...

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