domingo, 7 de agosto de 2011

Brideshead: first visit


Ir a Dublín hace unos meses para estudiar inglés fue la oportunidad para visitar la Vieja pero impresionante Biblioteca del Trinity College y el sencillo pero emotivo Oscar Wilde Memorial. En la nueva inmersión estival, además del Present Perfect, la ocasión será Castle Howard, ir a Brideshead, y a diferencia de la magnífica serie, por primera vez.

Porque es en ese lugar increíble donde se desarrolla “Retorno a Brideshead”, la impecable adaptación de principios de los años 80 de la novela más conocida de Evelyn Waugh. Una serie en la que todo funciona perfectamente, desde la dirección de Charles Sturridge, hasta la música compuesta por Geoffrey Burgon, la fotografía, la adaptación, la ambientación y las interpretaciones de algunos de los mejores actores británicos del momento: Jeremy Irons, John Hurt, Derek Jacobi, John Gielguld, Alec Guiness o Laurence Olivier. Sin duda, uno de los mejores trabajos que se han realizado nunca para televisión.

Yo tenía 13 años cuando la vi y recuerdo que esperaba cada viernes hasta altas horas de la madrugada, sólo en casa mientras todos dormían, para ver cada uno de sus once capítulos. Finalmente la trama de aquella historia sobre la melancolía del declive de un estilo de vida era lo de menos para mí, porque  todo, incluso la música final de los créditos, me resultaba bello y evocador.

La serie muestra el flash-back más largo de la historia de la televisión. Durante la Segunda Guerra Mundial, el capitán Charles Ryder (Jeremy Irons) regresa con su compañía a la retaguardia en Inglaterra. Allí las tropas se alojan en el castillo de Brideshead, un lugar que el capitán frecuentó a menudo en el pasado. Recuerda entonces el tiempo en que siendo estudiante en Oxford traba amistad con Sebastian Flyte (Anthony Andrews) heredero de la rica familia católica y aristocrática propietaria del castillo, revive su ambigua relación con éste, sus amores infructuosos con Julia (Diana Quick) la hermana de Sebastian, y nos ofrece las claves de la decadencia familiar durante el periodo de entreguerras.

El equipo de producción buscó casas por toda Inglaterra hasta que encontraron una que tenía el estilo arquitectónico de la época, un ambiente católico con una exquisita capilla, elementos barrocos y una iconografía religiosa que dejaría al público con la boca abierta: el Castillo de Howard, una mansión situada en el condado de Yorkshire, a unos 40 kilómetros al norte de la ciudad de York. Destaca el espectacular vestíbulo con techos abovedados y los magníficos jardines con una fuente central que la convierten en una de las mejores residencias campestres de la aristocracia británica, tanto por su compleja y grandiosa arquitectura como por su rico contenido artístico y decorativo, que incluye cuadros de Canaletto, Annibale Carracci, Thomas Gainsborough y Johann Zoffany.

Ahora ya no veo la tele los viernes por la noche. En ese horario sólo hay culebrones y programas de cotilleo con gente ignorante de baja estofa pagada a precio de oro. Por ver “eso” yo “¡¡¡no mato!!!”.


5 comentarios:

  1. Esa serie fue mi primera toma de consciencia de la homosexualidad y mi primer referente... Gracias Alfredo.

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  2. Yo también recuerdo aquella serie como algo excepcional, técnica y artísticamente. Ella me llevó a leer luego la novela de Evelyn Waugh.
    Hace pocos años, se rodó una película con el mismo tema -que no he visto-, pero leí que no superaba a la serie.
    ¡Qué bien ir a Castle Howard! Aunque la mansión no estuviera ligada a "Retorno a Brideshead", seguiría siendo atractiva de visitar.

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  3. Marcia Bilar Montero12 de abril de 2011, 8:49

    Precioso!!!

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  4. Lidia Sanchis Sorribes12 de agosto de 2011, 12:56

    Quina sèrie, quins temps! busca alguna cosa pareguda hui en la tv...

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  5. Extraordinara serie

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