martes, 15 de marzo de 2011

La belleza efímera de las flores


Hace tan solo unos meses todos los elogios eran pocos a la hora de juzgar el trabajo de John Galliano, considerado por todos como uno de los modistos verdaderamente geniales de las últimas décadas. Lo visto en su desfile de Alta Costura otoño-invierno 2010-2011 para Dior, en el museo Rodin de París, fue considerado unánimemente espectacular e inmejorable.

Galliano creó “su momento floral”, una explosión de diseños de vibrantes colores de invernadero: morado lirio, amarillo malvaloca o verde hierba, que quitaban el aliento convertidos en pétalos-falda que acariciaban las caderas de las modelos, ataviadas con el peinado en forma de bulbo envuelto en celofán de colores, como si fueran elegantes ramos de flores. Una visión romántica de trajes-flor: una falda parecía hecha de hortensias, un traje llevaba gusanos ecológicos de tela, y un vestido de noche tenía en la falda un pétalo de pensamiento pintado a mano absolutamente extraordinario.

Excepcional. Y además con un toque de modernidad debido a la colaboración con el fotógrafo Nick Knight, gracias a cuyo trabajo se lograron crear imágenes contemporáneas de flores reales con la belleza de Irving Penn o la sensualidad de Georgia O’Keeffe.

Una realidad de Haute Couture del siglo XXI, una visión emocionante, un momento para saborear, para ver todas las noches en un iPad, como afirmaba Suzy Menkes, una de las más célebres críticas de moda del mundo, en The International Herald Tribune.

Y de repente todo se marchitó.

El diseñador fue despedido tras la difusión de un vídeo en el que, emborrachándose en un café parisino y con ciertas ganas de bronca, realizaba presuntos comentarios xenófobos y antisemitas. Aunque nadie duda de que una persona famosa y cosmopolita como John Galliano pueda conocer las consecuencias de su comportamiento y sus opiniones; aunque nadie duda de la sinceridad de su arrepentimiento posterior; aunque nadie duda de la voracidad y miserias del negocio de la moda que consume a toda velocidad a sus creadores que no son, necesariamente, fuertes y resistentes; aunque nadie duda de que todos como personas anónimas hemos dicho o hecho una barbaridad durante algún que otro desfase y probablemente tampoco soportásemos el juicio de una cámara oculta; aunque puedan presentarse muchas matizaciones, hay una cuestión que queda clara, y es que hay temas cuya utilización frívola o mención banal no debe tolerarse. Y eso no es hipocresía. No hay excusa posible que justifique tales faltas al respeto.



1 comentario:

  1. Si las cosas que ha dicho Galliano las hubiera expresado alguien anónimo (también censurables, por supuesto), no habrían alcanzado tal difusión mundial.
    Si el presidente de la firma Dior, Sidney Toledano, no hubiera sido de origen judío (apellido inequívoco), tal vez la historia habría tenido un final distinto...
    Galliano es un gran creador, eso no se discute, pero no podemos tomar sus palabras como una excentricidad perdonable.
    Por otra parte, leo últimamente que no sería extraño que la firma Chanel prescindiera de Karl Lagerfeld, pero en este caso a causa del egocentrismo del diseñador.
    En los dos casos, ambos creadores no se quedarán tirados en el paro...

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