miércoles, 26 de enero de 2011

Sólo el cambio es eterno


Como los libros, también algunos amigos escogidos salen a tu encuentro; y ahora, más que nunca, las redes sociales nos permiten entablar amistades con personas que en la mayoría de los casos viven a cientos de kilómetros de nosotros y que no hubiésemos podido descubrir de otro modo, a pesar de compartir intereses, aficiones o inquietudes que nos unen como si nos conociésemos de toda la vida.

Hablo con ellos estos días acerca de la idea de que con los años llega la edad de la reflexión, el momento en el que se mira lo que queda por vivir, porque sólo nos acompañan las heridas acumuladas al esfumarse todo aquello en lo que soñamos. Es entonces, al pensar si todavía queda algún sueño que se pueda realizar, cuando uno se detiene a mirarse, a preguntarse si con lo que queda de uno mismo se puede seguir construyendo a la persona que un día quisimos ser, si resistirá, si vale la pena.

Pues parece ser que sí que la merece. O al menos eso es lo que se deduce al conocer el testimonio de personas como Martha Graham, la mítica bailarina y coreógrafa estadounidense, reconocida como la iniciadora de la danza moderna.

Graham, que estuvo trabajando hasta que en 1991 murió por causas naturales a los 96 años, afirmó en la última entrevista que concedió poco tiempo antes de su fallecimiento, que nunca pensaba en las cosas que hizo, sino solo en las que quería, en las que todavía no había hecho.

Los que tuvieron la oportunidad de estar con ella en España, con motivo de una de las giras de su compañía, la vieron asombrosamente lúcida a sus 92 años, trascendiendo cualquier previsión biológica, con una memoria capaz de revivir, siempre con incisivo humor neoyorquino, escenas que ya eran historia; con la capacidad de conseguir imantar a toda la audiencia con un verbo lúcido, preciso y casi mordaz. "Sólo el cambio es eterno", fue una de sus primeras frases, demostrando estar al día, al hablar de computadoras y avances tecnológicos.

Que la vida y el paso de los años nos cambian nadie lo pone en duda. El problema es cuando no nos queremos dar cuenta de eso. Pero para ello tenemos el ejemplo de los que no se paran, de los que se salen de los caminos establecidos. Y aunque no es necesario que seamos como Martha Graham, simplemente hay que saber utilizar las herramientas que la vida pone a nuestra disposición para adaptarnos a sus cambios. Si logramos hacerlo ya no habrá marcha atrás.

4 comentarios:

  1. Generalmente, cuando se habla de los años propios, se suele decir: "Yo tengo ya..."
    Esta afirmación está marcando una subconsciente postura semiderrotista ante la vida.
    Lo ideal sería decir: "Yo tengo todavía..."
    Indudablemente, Martha Graham era de las del "todavía", como lo fueron tantas personas creativas (escritores, músicos, pintores...) que han vivido o que siguen vivas en la actualidad.
    Pasarán los años y llegará el lógico deterioro físico, pero pienso que mientras tengamos ese faro, esa ilusión por cumplir cosas pendientes o nuevas ilusiones, estaremos vivos más allá de lo que es el mero existir.
    Siempre es un placer leerte, pero tu reflexión de hoy me ha gustado de forma especial.

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  2. Buena reflexión para empezar el día

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  3. Lo que ya hicimos es sin duda parte de nosotros mismo y nos ha llevado al punto en el que estamos, pero realmente lo que nos mantiene vivos es lo que nos queda por hacer, los sueños por lograr, rechazar o ignorar los cambios que hay a nuestro alrededor no nos lleva a ninguna parta, no se puede avanzar en ningún camino si solo se mira hacia atrás...

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  4. Admirables las personas con este talante, de ellas fué el pasado, es el presente y será el futuro.
    Si este espíritu positivo y luchador fuese el dominante en la especie humana, todo sería mejor, habría menos enfermedades, más esperanza de vida y menos problemas en el mundo.
    Pero no nos engañemos, esta especie no abunda. Son seres dotados de una especial inteligencia.
    Recuerdo con cariño a mi abuela que pertenecía a esta raza, y también murió a los 94 años completamente lúcida y con cosas pendientes de hacer. Muchas veces le pedí, "por favor abuela de herencia quiero tu genética".
    Lucho por heredarla¡

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