domingo, 30 de enero de 2011

Alicia en el Tanned Tin


Para cuando sonaban los primeros acordes de The Wanderer, Alicia ya había cruzado el cristal. Comenzaba a retozar por Arlington Gardens y se paró ante el número 49, donde Nick salió a su encuentro y le llevó con mucha prisa, como si le faltara el tiempo, al Pont Mirabeau. Allí le habló, algo premonitoriamente, de una pesadilla; la de J.B.Stanislas, con la que cerró los ojos por primera vez. Cuando los volvió a abrir, el Sena bajo el Pont Mirabeau se había convertido en las Ramblas y un bigotudo Sr. Umbert Umbert, sentado en un tejado del cercano Raval, contaba cien historias de ancianos algo fanfarrones, niños maricas alzando el vuelo en salas de fiesta y de otros tantos hombres, ni uno más. El bigotudo Umbert desapareció poco después susurrando un "cocotín, cocotán" que dejó a Alicia pensativa. "La verdad es que me da igual"- concluyó tras darle unas cuantas vueltas al asunto.



Una nube de sosiego transportó a Alicia hacia el oeste. Tan al oeste como Portland, Oregón. En el bosque Dolorean recorrió colinas negras llenas de oro y comenzó a ser consciente de la ensoñación en la que estaba viviendo. Las cuestas subían y bajaban interminables mientras las hojas de los árboles susurraban a su oído sus ansias de encontrar el amor. Viajó saltando de copa en copa sin ningún esfuerzo hasta Seattle, donde Arthur y Yu la liberaron de la ansiedad que para entonces Alicia estaba acumulando. Para no tomarse muy en serio su extraño viaje la metieron en un tren expreso hacia la costa este hasta desembocar en New York City. Jeffrey y Peter le dieron una buena lección entre surrealista y folclórica de la esencia de la Revolución Francesa, le mostraron una gigantesca colección de chapas, e incluso revivieron con ella las 20000 leguas de viaje submarino de Julio Verne. Se sintió reconfortada ante el talento de este sombrerero loco llamado Peter, y contenta de haber sido invitada a esta especie de fiesta de feliz no-cumpleaños. Por eso le resultó alagador cuando le hicieron participar del festín canturreando el "oh, so bad" de una desatada melodía que hablaba de un nazi enfundado en cuero que ella no acabó de entender, aunque estaba segura de que no dejaba a su protagonista en muy buen lugar.



Pero como todo viaje iniciático, Alicia estaba a punto de descubrir la otra cara de la moneda. El jolgorio y la fiesta de Jeffrey y Peter desapareció bruscamente y de la oscuridad surgió un despliegue de artilugios cual armamento de un ejército frío como el hielo, capitaneado por un tipo que daba órdenes desde lo alto de su tanqueta a su única subalterna, quien las cumplía con inusitada obediencia. Alicia ya no era Alicia, su percepción se había alterado de tal manera que su piel parecía de estaño, su voz enlatada y su corazón latía a mil revoluciones por minuto. El capitán Xiu Xiu, ataviado con una casaca con el lema "Oh God, I hate myself" estampado con caracteres eduardianos, pronunciaba soflamas a la muerte gris mientras contoneaba su cuerpo con movimientos espasmódicos. Por todo ello, Alicia -que ya no era Alicia- no se sintió cómoda a pesar de que el capitán le ofreciera un trozo de chocolate mientras le prometía felicidad con su sonrisa helada. Pronto comprobó que tal escena no era más que la antesala del encuentro con su majestad la reina de corazones.


En este caso, no una reina, sino un triángulo de amor bizarro formado por cuatro cabezas, cuatro monarcas con armas tan potentes que los tímpanos de la pobre no-Alicia no podían casi resistir. Ante semejante aluvión de proyectiles criptocráticos e himnos a las balas, el ser que ya no era Alicia pensó que este descenso a los infiernos había acabado cuando el cuarteto bizarro la abandonó dejando sus armas en marcha en el suelo a la espera de que la falta de munición las desactivara, cosa que tardó en ocurrir.


Pero estaba equivocada. La penumbra continuó y en seguida se halló en la factoría Faust. Entre las chispas que las radiales hacían saltar de las planchas de hierro y el sonido metálico y estridente de las máquinas taladradoras, nuestro personaje sin nombre cerraba una vez más los ojos y se dejaba llevar por el sueño pesado hacia otra pesadilla distinta a la de J.B.Stanislas. "C'est com... com... compliqué"- le susurró Nick, su conejo apresurado de Arlington Gardens.


¡Alfredo, despierta! Son las cuatro de la madrugada. La noche es fría. Tranquilo, es sólo música.
El festival Tanned Tin se celebró en Castellón del 27 al 29 de enero de 2011.
El artículo se inspira en las actuaciones que tuvieron lugar en el Teatro Principal de Castellón el día 29 de enero. 

Foto superior: Portada del disco The Unfazed, de Dolorean, obra de Alec Soth

2 comentarios:

  1. Alfredo, genial el viaje literario mezclado con los grupos del Tanned Tin. Veo que disfrutasteis de una buena retahíla de grupos. Ojalá este festival tenga continuidad, en Girona no tenemos nada parecido, o los grupos que vienen son muy grandes o són minúsculos. A ver si se hace en Girona un Festival "com déu mana" de grupos independientes. Con Alicia la veo más acompañado al Capitán Robur yendo hacia un sol levante viajando en el Albatros, mientras, Fernando Pessoa y Aleister Crowley juegan al ajedrez en la playa, mientas se acaba de cocer a la brasa el conejo...

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  2. MariaSales68

    Me ha encantado tu crónica del Tanned Tin :) Saludos!

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