lunes, 6 de diciembre de 2010

El amor armado


Algunos libros salen a tu encuentro, quieren que te fijes en ellos y que los mires, que los toques y que los leas. Quieren estar más cerca de ti.

Callejeando por el barrio gótico de Barcelona me llamó la atención en lo alto de una pila de libros en la entrada de una tienda de ropa El amor armado de Mendiluce. Lo cogí y al ir a mirar el precio vi un letrero pegado a la pared que decía “soy para ti si me vas a leer”. Así que lo metí en mi bolsa y aquella noche en el hotel empecé a leer este libro en el que el autor explica cómo ser testigo cotidiano de todo tipo de atrocidades le cambió para siempre.

La capacidad de expansión y de contagio de la intolerancia avanza, su capacidad destructiva crece. También el silencio, el dolor y los dramas de los que sufren por haber nacido en el sitio equivocado, o con la religión o el color equivocados. Señalados porque no hay manera para compensar la rapiña con la solidaridad.

Pero lo que más miedo da es que solo unos pocos tengan miedo. Miedo de verla de vuelta. Miedo de ver la estrategia del intolerante avanzar sin que nadie quiera intervenir para detenerlo. Y suele ocurrir que aunque sean muchos los que tienen la capacidad de seguir queriendo y amando profundamente la diferencia, la diversidad, la mezcla, el orgullo y la dignidad, también es cierto que a veces la realidad se asemeja a la tragedia griega y, aunque no queramos oír, los coros nos anuncian el desenlace, lo inevitable, que reaccionamos cuando es demasiado tarde, aunque nunca lo sea del todo.

Hay un pacifismo distante, intelectual, cobarde e impoluto de los que insisten en que no les gusta el odio, como si bastara que no guste para que desaparezca, de los que mientras predican la cultura de la paz parecen no darse cuenta de que entretanto se destruye. Y tenemos que entender que ante el odio solo cabe un pacifismo beligerante. Que el amor puede ser más fuerte que el odio, que los que detestan el uso de la fuerza pueden ser mucho más fuertes que los que la practican.

Es el momento de empezar a conocer y a amar las diferentes culturas, a relativizar el patriotismo aldeano que a veces tenemos para poder darse cuenta de cuanta gente maravillosa vive al otro lado del umbral, para poder romper con las rutinas, cuestionarse las cosas, descubrir que la vida no siempre debe discurrir por autopistas señalizadas porque hay otras verdades que si no es así nunca conoceremos.

Competimos en tal desigualdad frente al odio que la tentación para dejarse contaminar por los bajos instintos se hace arrolladora y ahí también corremos el riesgo de ser derrotados. No estamos preparados para el odio, pero si sucumbimos ante él ya nos ganaron.

Tiene razón Mendiluce al afirmar que se puede ser feliz sin ser egoísta, que la dignidad solo se gana, a veces, sufriendo. Que el amor, armado, puede ser más fuerte que las armas del odio. Que somos distintos pero iguales.

4 comentarios:

  1. Posiblemente, alguien hojeó antes ese libro y volvió a dejarlo en su sitio. Pero llegaste a la tienda de ropa -parece que te aguardaba- y os encontrasteis.
    ¡Qué casualidades tan gratas nos regala la vida en ocasiones! ¿O somos nosotros los que de alguna forma las buscamos inconscientemente?
    Cuando voy a alguna buena librería, se me va el tiempo curioseando, hojeando, leyendo solapas... Siempre salgo con algo, pero siempre salgo también con la sensación de que algún libro que me esperaba se ha quedado defraudado en un estante...
    No siempre entro en tiendas conocidas. También me gusta dejarme sorprender en librerías de segunda mano o incluso en algún rastro.
    Pero a lo que iba, que me pongo a hablar de mí...
    Mendiluce, por las referencias que siempre he leído de él, es una gran persona, pero solo tengo un libro suyo: la novela "Pura vida".
    Me ha gustado mucho ese párrafo tuyo de hoy que comienza así: "Es el momento de empezar a conocer y a amar las diferentes culturas, a relativizar el patriotismo aldeano..."
    ¡Tu blog es muy interesante!

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  2. Amando siempre florecerán las semillas tras el asfalto...

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  3. Emilio L-Galiacho27 de mayo de 2011, 16:18

    La necesaria beligerancia del verdadero pacifismo

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  4. gran novela, me la bebí hace años

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