sábado, 13 de noviembre de 2010

La suerte es de todos


No sé por qué pero siempre que suena inesperadamente el timbre de casa me da un vuelco el corazón porque no asocio esas llamadas con nada bueno. Por eso ayer, al escucharlo, justo cuando me disponía a hacer mi siesta de todos los días, me puse en estado de alarma. Al mirar por la mirilla y ver a mi vecino de abajo, con el que raramente coincido por las mañanas y que a duras penas le da para decirme furtiva y velozmente ‘enos días cuando le saludo al entrar en el ascensor, no pude menos que preguntarme extrañado qué es lo que querría de mí a aquellas horas.

Al abrir la puerta lo primero que llamó la atención fue ver en su cara una inusual sonrisa gigantesca de oreja a oreja que enmarcaba una perfecta dentadura brillante, probablemente recién blanqueada para la ocasión, que me dijo en tono cantarín y vocalizando a la carrerilla: “Buenas tardes, me preguntaba si te interesaría comprar lotería de navidad del barrio”.

Con la misma sonrisa impostada que él y adoptando un tono de lástima le dije: “¡Uy!, ¡qué pena tan grande!, he comprado dos papeletas justo esta mañana antes de subir… ¡Si me las hubieses ofrecido antes!”. Y con un “pues nada, buenas tardes, otra vez será”, cada uno de nosotros volvió a su rutina habitual. Cerré la puerta, me tumbé en el sofá y me dispuse a dormir la siesta que nunca debió haberse interrumpido.

Y es que pensándolo bien hay que ver la cantidad de amigos y conocidos que me quieren una barbaridad o que consideré mudos que descubro la segunda quincena de noviembre de cada año. Hay personas con las que la única palabra que me cruzo de noviembre a noviembre son las de la frasecita en la que me proponen comprarles lotería. Aunque el resto del tiempo nos ignoramos mutuamente, resulta que es precisamente en esta época del año cuando les renace la amistad altruista y me ofrecen lotería no vaya a ser, como ellos mismos se ocupan de repetirme también cada doce meses, “que vaya a tocar y seas el único que se quede sin… ¡menuda pena sería esa!” añaden, como si me estuviesen haciendo un favor por el que deba estarles agradecido.

Pues sí, su generosidad de noviembre es tan falsa como la sonrisa que les he venido poniendo cada año mientras con toda su cara dura al venderme sus papeletas me sableaban los euros que el resto del año no aceptarían de mí ni aunque fuesen para invitarles a tomar un café, porque del mismo modo que yo a mi vecino me dirían: “¡Uy!, ¡qué pena tan grande!, acabo de tomarme uno justo ahora mismo antes de verte… ¡Si me lo hubieses ofrecido antes!”...

5 comentarios:

  1. Ya sabemos que la Navidad es la apoteosis anual del tópico y la hipocresía.

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  2. Pero no debería ser así. La Navidad debe ser una época de reflexión, conversión, para ser una mejor persona. La Navidad debería ser todo los días del año. De esta manera, Jesús siempre está en tu corazón y te ayuda a ver con otros ojos al vecino que no tratas y tanto te molesta. Aunque pensándolo bien, cuando vas a Misa y comulgas te alimentas de su palabra, su cuerpo y sangre. El está contigo para que puedas actuar como El, amando a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a tí mismo.

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  3. Pues es así, la hipocresía campa por sus fueros en Navidad y en pleno puente de San José. ¿Que la Navidad tendría que ser todos los días del año? Pero bueno, vaya empacho de buenas voluntades y sonrisas falsas. Solo los ingenuos o los muy malintencionados se creen eso del prójimo hoy en día. Hay tanto prójimo estúpido y falso que lo mejor que se puede hacer es alejarse de él como del diablo. Y, qué curioso, conozco a unos cuantos que siempre están en misa y comulgan mucho. Tanto cuerpo y tanta sangre no puede ser bueno para el metabolismo, ni para las relaciones humanas (te vuelves un poco caníbal)

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  4. No es hipocresia, es rutina, la loteria. Por esto la Navidad para mi es una ficha del puzle,que anima a seguir, a dar gracias por vivir, por ver amanecer y oler .Es un empezar renovando mis ilusiones,de persona que sabe que la felicidad ,no existe que son instantes que los tienes que cultivar y cosechar minuto a minuto. Por esto la Navidad tiene que ser el niño que todos llevamos dentro ,que crece respetando y distrutando de ser un eslabon en la existencia

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  5. Gracias por vuestros comentarios, pero este texto es una crítica a la hipocresía y la falsedad, no a la navidad. Un saludo para todos.

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