miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿Tener o ser?


Cuando el director del Staatliche Museum de Berlín supo que El hombre del casco de oro de Rembrandt era falso debió llevarse un buen disgusto y decidió descatalogarlo. Lo curioso, como en tantos otros ejemplos de obras de autores consagrados cuyas atribuciones se han descubierto erróneas es que se produce un efecto psicológico negativo en la memoria colectiva y en el mercado del arte, donde la etiqueta o la marca de su autor es la base para asignarle un precio real e incluso su valoración artística. Pero lo que es indiscutible es que lo que nos atraía de la obra perdura y por lo tanto, aunque haya cambiado su autoría no ha perdido su calidad artística.

El caso contrario lo protagoniza una historia que me comentaba hace años el asistente de un conocido galerista valenciano. Este tenía un acaudalado coleccionista entre sus clientes que adquiría obra de los artistas por él sugeridos. El coleccionista confiaba ciegamente en el criterio de la galería y por lo tanto había comprado y colgado en su casa una fotografía de una prestigiosa artista contemporánea a pesar de que no le gustaba absolutamente nada. Por eso precisamente la había puesto en el baño, para verla lo menos posible. Y les aseguro que la historia es absolutamente verídica.

Lo aparentemente llamativo de estas historias es que en ambos casos parece que las obras no eran realmente admiradas ya que nadie se preocupó de ellas por sí mismas si no por ser de quien eran y me recuerda inevitablemente un modelo de sociedad que ha cobrado protagonismo en los últimos años y que parece que a partir de ahora entrará en crisis: es decir, la cultura del “tener” frente a la del “ser”.

Como afirmó Erick Fromm en su libro ¿Tener o ser? la sociedad “occidental” en la que vivimos nos ha hecho creer que ser es tener, que es indispensable adquirir muchas cosas para ser, como si el individuo que no posee nada no fuera nadie. Aunque es necesario tener cosas para subsistir, no es lo que da sentido a la vida. Y diríase que en los últimos años, tener ha sido la función normal de la vida, de modo que ha llegado a considerarse como el modo más natural de existir y, a veces incluso, hasta como el único modo aceptable de vida.

Un cuadro de Rembrandt vale mucho, pero, ¿cuánto vale la suerte de saber disfrutar al contemplar El hombre del casco de oro, aunque no sepamos quién fue su autor?.

Foto arriba: El hombre del casco de oro, 1650, 67,5 x 50,7 cm., óleo sobre lienzo, Staatliche Museen, Berlin.

2 comentarios:

  1. La historia del coleccionista es similar a tantas otras existentes: podrá cambiar la forma, pero el fondo es el mismo.
    En efecto, hay muchas personas que valoran las cosas por la firma, por lo que cuestan, por estar de moda, etcétera, pero no por lo que son realmente.
    En mi caso personal, aunque -como cualquiera- tengo unas necesidades básicas que procuro atender decorosamente, desde hace tiempo camino más hacia la filosofía del ser que a la del tener.
    Quizás, por eso, no me ha escandalizado mucho la noticia de las obras de arte falsas; es más, hasta he sentido simpatía por ellas: lo que tenían de emocionante, de atractivo, sigue estando ahí, aunque hayan sido destronadas...

    ResponderEliminar
  2. Hola, Alfredo.

    Me pareció que tu análisis tiene cierta semejanza al del Sr. Salazar en este artículo:

    http://www.quepasa.cl/articulo/1_3971_9.html

    Se preocupan de la marca de la ropa, pero la pobreza cultural y cívica es abismante.

    Saludos

    ResponderEliminar