viernes, 13 de agosto de 2010

Un verano en Edimburgo. 8: Typical Spanish

 
Desde que empecé a ir a clase en Edimburgo, hace ya más de un mes, no ha habido ni un solo día, ya sea en clase, ya sea en conversaciones con compañeros de otras partes del mundo, en el que no hayan surgido las típicas preguntas sobre los estereotipos del país de cada uno.

Ayer, sin más, en la clase de mi profesora Heather, el tema de conversación versó sobre lo que más me gustaba y lo que menos de mí país y sus gentes. Como siempre, planteé la misma reflexión de todos los días: ni mi país es un desierto de doradas arenas rodeado en su totalidad por playas, ni una pradera húmeda y fresca que lo cubre todo de verdor. Me parece injusto que se me considere tacaño o juerguista según dónde el extranjero de turno ponga su vista; no tengo una dieta exclusivamente a base de pallela o tortilla de patatas; no visto pantalones estilo taleguilla de torero, ni he visto a mi madre con peineta y mantilla cuando va a por el pan cada mañana.

Para más inri, una compañera francesa que me ofreció un croissant en el descanso de la primera hora de la mañana, entendió lógico que no me apeteciese comer nada a esas horas porque según ella en España nos levantamos muy tarde debido a que hacemos la siesta después de comer para evitar el sol abrasador que 365 días al año cae sobre nosotros y por la noche nos dedicamos a comer jamón hasta altas horas de la madrugada mientras escuchamos a Camarón de la Isla. 

Es de perogrullo que reducir la realidad de un país a ideas estándar es injusto y aunque en un primer momento nos dé rabia, la verdad es que no merece la pena gastar muchas energías para explicar que el tópico es falso. ¿O no?.

Empiezo a tener mis dudas. Al salir de clase por la tarde teníamos previsto ir a uno de los conciertos de la National Gallery y cuál no sería mi sorpresa al ver acercarse por el centro de Rose Street, sorteando a los viandantes, un auténtico ganado de typical Spanish toritos bravos seguidos de su genuino aunque escuchimizado matador, con una capa 100% poliéster made in China que los iba toreando al grito de sonoros "olés".

Y sentí vergüenza ajena. No entiendo por qué cuando salimos de nuestras casitas de Pladur de protección oficial para ir al extranjero sacamos el hortera que llevamos dentro como nuestro más genuino signo de identidad. Es en estos momentos cuando entiendo que Paco Martínez Soria, más conocido por estos lares como The chicken guy siga ocupando un lugar preferente en nuestro inconsciente colectivo peninsular.

3 comentarios:

  1. Ramona Mg

    ALFREDO, NO SUFRAS, Y QUE SI HACEMOS LA SIESTA??? QUE RATICO MAS GÜENO, Y SI ES CON BABILLA YA NI TE CUENTO JJIJIJII

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  2. Nos puede parecer que el Typical Spanish es estomagante, pero creo que el typical english o el typical french or el typical italian les resultará a los consiguientes igual de estúpido. Peeeeero, en el fondo, muy en el fondo, responde a algo real. Véase si no a esos estúpidos disfrados de toros y toreros, pero .. ¿cuántas veces he jugado yo a toros de niño? .... pues muchísimas, Y ahora el futbol ha sustituído en la estupidez española a los toros ... conste que como deporte vale , pero todo lo demás ???? ...
    Todo lo que se diga sobre el fútbol y España se queda corto.

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  3. yo creo que ni el orgullo patrio a toda costa ni la vergüenza española, en nuestro punto justo y que nos conozcan.

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