martes, 10 de agosto de 2010

Un verano en Edimburgo. 6: St. Mary's Cathedral


Tras una semana en la ciudad, metido todo el santo día en clase, el primer domingo salimos a dar una vuelta para conocer el vecindario. Como vivimos en el límite de la New Town, al lado de la catedral episcopal de St. Mary, fue lo primero que visitamos, y quiso la casualidad que en aquel preciso instante diese inicio la celebración dominical. No sé cómo, pero la cuestión es que nada más entrar me vi con una Biblia y una especie de programa de actos en mis manos mientras una procesión de al menos cuarenta niños cantores vestidos con túnica y gorguera cervantina se dirigían al altar seguidos por una comitiva de curas, monaguillos y demás oficiantes presididos por una mujer vestida de obispo.

En el momento en el que la mujer obispo se incorporó desde la nave lateral a la central, una fanfarria de trompetas dio la señal al órgano, aparatosamente visible al lado del altar, y el coro entonó una especie de Aleluya, o algo similar, como señal de bienvenida a los parroquianos, inundando sonora y majestuosamente el espacio.

Visto lo visto no era cuestión de ponerse a visitar las capillas laterales, por lo que decidimos sentarnos discretamente en uno de los bancos y observar.

Pasados un par de minutos la persona que estaba sentada a mi lado se acercó a mi oreja y susurró:
-         Page 25.
-         Ah!, Ok. Thanks –le dije. Pero yo seguí a la mía sin abrir el libro.

Unos minutos después mi compañero de banco me cogió el libro de las manos, lo abrió, y con su dedo, largo como de pianista, me indicó el lugar por donde iba el sermón, moviéndolo al ritmo de la lectura, como hace el padre a su hijo cuando le enseña a leer.

Me pareció que sería mejor no enfadarle y empecé a seguir la lectura, como si estuviese en clase. Resulta que toda la misa, incluso el sermón, estaban allí escritos, por lo que pensé que, mira por dónde, me acababa de encontrar con un listening comprehension edición especial de lujo.

Cuando a primera hora del lunes, al llegar a clase, le dije a mi profesor que el domingo me había dedicado a hacer un listening, no pudo menos que asombrarse al decirle que había sido en la catedral, provocando la "curiosidad" de aprender al resto de mis compañeros de curso.

Ahora todos los domingos a las diez y media quedamos para ir a misa. He mejorado notablemente mi vocabulario bíblico y el repertorio de adjetivos relacionados con la bondad y el altruismo. Pero la realidad es que lo que a mí me interesa es cuando la música del órgano empieza a sonar y el coro empieza a cantar, envolviéndolo todo de tal modo que ya no importa qué dicen o en qué idioma lo hacen.

8 comentarios:

  1. susanapinozas

    ¡Qué gran ciudad!

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  2. "Ahora todos los domingos a las diez y media quedamos para ir a misa. He mejorado notablemente mi vocabulario bíblico y el repertorio de adjetivos relacionados con la bondad y el altruismo."

    Jajajaja. :D

    ¡¡Saludos!!

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  3. Nos parece todo estupendo, la cuestión es aprender inglés a toda marcha.
    Esperamos todos los días tus noticias, es como leer un libro de aventuras... a plazos.
    Saludos de tus compañeras sufridosas que te leen.

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  4. Entonces, va a la misa todos los domingos, jejeje
    JC

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  5. SOLO FALTABA QUE TE APUNTARAS A MONAGUILLO, JIJIJI, SI QUE LE ESTAS SACANDO PARTIDO AL VIAJE

    Ramona Mg

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  6. Maria Zafra Torres

    SIN PALABRAS, ME HE KEDAO SIN PALABRAS...AMEN

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  7. Pues verás que yo tuve una experiencia parecida en Westminter Abbey, y salí contentisimo por haber tenido una clase de inglés por la cara. Además, en completa quietud. A la entrada un señor iba diciendo a los que queríamos entrar "Only services", y yo, todo serio y hasta enfadado le espeté: "Of course". Luego, dentro, la gente respondía de vez en cuando "Thank you no sé qué....." y yo entendía "Thank you cheeses". Estaba extrañadísimo, porque parece que decían gracias por el queso ... y estaba esperando que en lugar de ostias repartieran quesos, pero finalmente averigüé que decían "Thank you Jesus". Y es que los ingleses tienen cada cosa ...... resultaba hasta creíble que pudieran repartir quesos. Iba con una amiga que creo que conocéis, Soledad Jordana, y todavía nos reímos cuando lo recordamos. En fin. Mario

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