sábado, 21 de agosto de 2010

Un verano en Edimburgo. 12: La música amansa a las fieras


En su clase de hoy mi profesora Heather nos ha comentado que uno de los métodos más eficaces para memorizar palabras en inglés consiste en establecer relaciones entre las palabras nuevas que vamos estudiando con lugares, recuerdos, o incluso otras palabras ya conocidas.

Cuando en la siguiente clase nuestra profesora Maggie nos ha propuesto mantener una conversación en la que charlásemos sobre cuál es la persona que más nos desagrada y por qué, he tenido que echar mano de todos los adjetivos a mi disposición y el universal lenguaje de los gestos hasta que ha logrado entender y clarificarme que en inglés las personas a las que yo me refería se las denomina shit stirrer.

¡Menuda palabra!, me he dicho. Por eso, al recordar el consejo de Heather, me he dado cuenta que buscarle algún tipo de relación para poder recordarla iba a ser una ardua tarea.

Pero, casualidades de la vida, la resolución al misterio la iba a encontrar horas después en otro lugar, también muy enigmático. En Greyfriars Kirk. The Sixteen interpretaba música coral de los compositores renacentistas españoles Tomás Luis de Victoria y Juan Gutiérrez de Padilla. Ambos músicos encontraron en el Nuevo Mundo nuevos sonidos y música y compartieron su arte con los autóctonos, pero hoy era yo quien iba a descubrirlos al escucharlos por primera vez.

Greyfriars Kirk es uno de los edificios más antiguos de Edimburgo. Se encuentra rodeado por el cementerio Greyfriars Kikyard que ha sido considerado como uno de los lugares más tenebrosos de la Tierra, ya que tiene fama de estar embrujado por el espíritu inquieto del infame George Mackenzie, conocido como "Bloody" (el sangriento). Su presencia sigue siendo tan activa que se dice que ha llegado a atacar a los que entran en contacto con él, de modo que las autoridades de la ciudad han tenido que tomar medidas para proteger a los ciudadanos de sus fechorías, impidiendo la visita a su tumba.

Pero esa supuesta oscuridad desaparece en la iglesia. En su amplio y luminoso interior  las enormes vidrieras de motivos geométricos de intensos y vivos colores sobre fondo blanco con grisallas ocupan un lugar predominante, de modo que la luz, movida por las ramas de los árboles, provoca la sensación de encontrarnos dentro de un enorme caleidoscopio.

Probablemente por eso, en este contexto tan mágico, cuando ha empezado el concierto no he podido evitar pensar que dentro de un par de semanas volveré a la rutina cotidiana, una realidad en la que no existen este tipo de ensoñaciones. Y en ese preciso momento ha venido inevitablemente a mi memoria la palabrita de mi profesora Maggie. Pero he decidido aprovechar el momento. He entornado los ojos para que la realidad se desdibujase, escuchar la música y aislarme del mundo. Nunca como hoy sentí tan acertado aquello de que la música amansa a las fieras y nos hace olvidar las ambiciones y las frustraciones que arrastramos en la vida.

Es por eso los shit stirrer no suelen encontrarse en un lugar como este. Esperan fuera, haciendo compañía y tramando oscuros plantes con George.

1 comentario:

  1. Que maravilla de iglesia! Con esa luz calidoscópica y esa música "celestial", se sinte uno transportado al "séptimo cielo".
    Que suerte tienes, que envidia nos das!
    O eso, o es que nos lo cuentas demasiado bien..............

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