martes, 13 de julio de 2010

UBUNTU. Sudáfrica: El triunfo de la concordia


Las casualidades de la vida han hecho que mientras España ganaba la Copa del Mundo yo estuviera leyendo, a instancias del editor Jordi Nadal, el mismo libro que Vicente del Bosque: Ubuntu, Sudáfrica: El triunfo de la concordia, en el que se demuestra, una vez más, que el espíritu de equipo es la clave para poder llevar adelante grandes proyectos, para culminar los sueños de muchos.

Paradójicamente, como afirma el antropólogo Eudald Carbonell la conducta humana está repleta de inercias del comportamiento etológico de los primates: la necesidad de establecer fronteras y territorios, las jerarquías sociales, las conductas agresivas… Si falta pues un paso en la evolución para que la sociedad pueda ser, realmente, una sociedad humana, la filosofía del espíritu ubuntu es la que nos propone avanzar en este camino, ya que emociones negativas como el odio, el resentimiento o la agresividad contenida además de impedirnos el acercamiento a los demás repercuten indiscutiblemente y en todos casos negativamente sobre nosotros mismos.

Recuerda Albert Figueras que la huella más dolorosa y duradera en la memoria y la conciencia de los africanos ha sido el desprecio, la humillación y el sufrimiento, que ha creado en ellos un complejo de inferioridad y un sentimiento de daño moral jamás reparado que anida en lo más profundo de sus corazones.

¿Cuáles fueron pues las herramientas utilizadas por Nelson Mandela y Desmond Tutu, figuras clave en el cambio de rumbo radical experimentado por Sudáfrica hacia el progreso a partir de la salud y el bienestar en lugar de la autolesión y de la autofagia? Curiosamente, para alguien como Nelson Mandela, que ha tenido la capacidad para entusiasmar, para convencer y para movilizar, “no es tan difícil cambiar la sociedad; puesto que lo realmente difícil es cambiarse a uno mismo”.

Pero a los seres humanos no siempre nos mueve la bondad y la candidez; el ser humano se guía a menudo por la venganza, el odio o el egoísmo. Y la reconciliación o el perdón, igual que la solidaridad, son conductas que requieren un esfuerzo con el fin de que el cerebro pase del yo hasta el nosotros. El fundamento a las respuestas humanas está pues en dos elementos simples: química y electricidad. Todos los hombres, incluso los que parecen tener la sangre más fría, son capaces de cambiar. El ubuntu requiere pues movilizar resortes de la conducta humana que no siempre son fáciles de articular pero que, cuando se consigue hacerlo, provocan un impacto extraordinario.

¿Qué es lo que provoca entonces que algo conceptualmente tan sencillo sea tan complicado de llevar a la práctica? Probablemente la propia naturaleza de la especie humana y el funcionamiento de su cerebro, lleno de miedos, prejuicios, envidias y anhelos materiales. Pero, si como afirma Albert Figueras, una persona sólo es persona a través de otras personas y el hecho de estar rodeado de personas felices incrementa la probabilidad de que uno también se sienta feliz, mi reto ahora es hacer que se rían igual de fuerte que yo los que con tanta insistencia me piden que no lo haga de una manera tan sonora.


4 comentarios:

  1. Es cierto que el ser humano tiene una tendencia agresiva, que se acentúa con la inseguridad y la incertidumbre. Por otro lado, cuando se realizan actos de bondad de manera continuada la sensación de felicidad se acrecienta. Al menos a mí me pasa eso :)

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  2. Una entrada muy interesante y reflexiva que me hizo a mí también reflexionar

    salu2

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  3. Debería utilizarse en las Escuelas este libro como elemento de estudio y de socialización de los pequeños: es cómo saber sacar provecho a jugar al fútbol, no para ganar metiendo goles, sino para apoyo, ayuda, empatía y colaboración con tus congéneres....
    Felicidades, Albert

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  4. Lo malo es que en esta sociedad de pura competición, de resultados y no de sensaciones, lo que prima es qué se gana de piel para afuera y no de piel para adentro. Una pena, pero al menos sabemos que hay gente que intenta cambiar eso.

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