jueves, 17 de junio de 2010

El príncipe de Bekelar y las galletas de fibra


Mi amiga Lidón, de los Santjoandelafont de Castellón de toda la vida, es la única enfermera del Dr. Arrancapins i Bufanúvols. Por las tardes solemos ir a pasar un rato con ella. En su consulta de techos altísimos y cortinas de tipo palacio el tiempo parece haberse detenido, porque allí no entra nadie, aunque parece ser que en otros tiempos no tan lejanos todo el que fuese alguien en esta ciudad se hacía visitar aquí. Dice Lidón que su jefe tiene alquiladas unas plantas bajas por el centro y con eso le da para vivir más que bien, por lo que la consulta no deja de ser una manera de matar el tiempo.

Así es que Lidón quema sus aburridas tardes de trabajo llamando a amigos y conocidos o contándome lo enganchada que está a la telenovela de turno mientras que yo no puedo evitar fijarme en un artilugio que tiene sobre su mesa que hace las veces de agenda, que está hecho de fichas de cartulina amarillenta con las puntas desgastadas por el uso, con los nombres y teléfonos de los pacientes, todos jubilados sin excepción. Me llama la atención porque me recuerda a una película policíaca de las de en blanco y negro.

El otro día sin más, un paciente de unos ochenta años, probablemente el primero y el último de la tarde, llamó por el telefonillo para pedir que bajase alguien porque el ascensor estaba averiado y no se atrevía, porque sufría de vértigo, a subir solo los tres pisos hasta la consulta. Con soplidos y desgana Lidón bajó a buscarle. Al entrar de nuevo por la puerta le iba diciendo, como para quitárselo de encima, que no le iba a poder acompañar al bajar porque tenía mucho trabajo y ya había podido ver que la escalera no era peligrosa. Cuando se sentó de nuevo en la mesa me dijo en tono bajo que ella no estaba para tantos trotes teniendo en cuenta lo que le pagaban. Y ahí llegó el momento de la revelación del mes: el doctor Arrancapins acababa de acordar el traspaso de la consulta a una franquicia médica muy moderna que va a renovar la consulta con ella incluida. A partir de ahora todo va a cambiar.

Efectivamente Lidón espera la llegada del príncipe de Bekelar con sus galletas tostadas recién horneadas y su relleno de sabroso chocolate. Pero yo creo que quien va a venir es el príncipe de las mareas con sus galletas de fibra para travesías interplanetarias, esas que entre galleta y galleta hay que tomar un vaso de agua para ayudarlas a llegar al estómago y evitar el peligro de ahogarnos.

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