miércoles, 30 de junio de 2010

El lugar secreto



Existen lugares que únicamente podrían imaginar los soñadores irredentos, los condenados a soñar para hacer el mundo de los pragmáticos más soportable. Existen lugares que solamente el ensueño de los escogidos por la Belleza sería capaz de crear. Existen lugares que parecen una ensoñación, una utopía.

Y si existen esos lugares es porque hay personas escogidas que conocen la alquimia de la creación, que saben de los elementos a unir para crear mundos reales donde poder escapar a la rutina insoportable de los días siempre iguales.

Uno de estos lugares es un jardín secreto que mi amigo Juan ha creado en Vilafamés. Un camino lleno de recovecos nos deja en la puerta. Pero la puerta no es una meta, es la entrada a un jardín animado, delicado y exquisito, construido entre lo salvaje y lo domesticado, entre lo planificado y lo espontáneo, entre lo imaginario y lo real. Un lugar al fin donde uno puede encontrarse consigo mismo.

Siempre me ha extrañado profundamente la falta de necesidad de belleza de determinadas personas que priorizan el valor práctico de la cosas por encima de su estética. Pero por poco que pensemos descubriremos que desde que el hombre es hombre y está sobre la faz de la tierra ha buscado rodearse de cosas hermosas. Necesitamos el placer estético, el placer de la belleza, de la misma manera que necesitamos comer, ya que es el alimento de nuestro espíritu, de nuestras emociones.

Me viene ahora a la memoria Gabino Diego y el personaje que interpreta en la película “La hora de los valientes”. En plena guerra civil española los bombardeos amenazan el Museo del Prado por lo que las autoridades ordenan la evacuación de las obras de arte. Manuel, un celador del Museo encuentra un autorretrato de Goya perdido en el traslado de las obras. El joven no duda en proteger a toda costa el cuadro poniendo en peligro su vida y la de su familia. Manuel vive con el cuadro, o más bien para el cuadro, sin duda dispuesto a defenderlo con su vida.

Manuel, como Juan Claros, tiene un don, un regalo, que les permite reconocer lo bello. Y a nosotros, gracias a ellos, disfrutarlo.

1 comentario:

  1. Saber ver la belleza de la maleza.
    La música entre la caótica.
    Ser capaz de estar en paz.
    Percibir y escribir.

    Una bonita reflexión Alfredo.
    Inspiradora.

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