sábado, 8 de mayo de 2010

Quijote en burro


Tradicionalmente el burro ha sido un animal con una gran carga simbólica negativa, destacando la de ser considerado torpe y falto de inteligencia. Llamar burro a un bibliotecario no deja de ser, por tanto, una grave acusación. Sin embargo es, desde hace un tiempo, la pura y santa verdad porque ahora algunos burros, los más famosos símbolos de la ignorancia, son, también, bibliotecarios. He aquí un ejemplo.

Tras la palabra biblioburro encontramos la biblioteca itinerante ideada por Luis Humberto Soriano, que acerca los libros a lomos de dos burros, Alfa y Beto, a los niños de La Gloria, en la parte central baja del Departamento del Magdalena, al norte de Colombia.

Soriano se sintió fascinado por la lectura desde pequeño y se graduó en literatura española con un profesor que visitaba su aldea un par de veces al mes. Ejerciendo como profesor de escuela primaria, a finales de los años noventa, observó que los niños de las veredas cercanas llegaban a la escuela sin hacer las tareas por falta de libros. Por ello, pensando en el poder que tenía la lectura para transformar a los estudiantes, se le ocurrió con la ayuda de dos burros, llevarles los libros durante los fines de semana: viajaría por las comunidades interiores de la Colombia caribeña con una librería portátil que empezó con 70 libros.

Soriano escribió a Juan Gossaín después de oírle leer fragmentos de su novela La Balada de María Abdala en un programa de radio, preguntando por una copia para ser distribuida a través del biblioburro. En respuesta recibió una avalancha de donaciones de libros de la audiencia de ese programa, lo que obligó a iniciar la construcción de una pequeña biblioteca que fue financiada por una compañía local.

Los libros de aventuras infantiles se han mantenido como los libros más populares entre los distribuidos por los biblioburros. Pero también distribuye enciclopedias, novelas, textos médicos y relatos con el objetivo de estimular la lectura, aportar conocimiento, dotar de material didáctico a niños, familiares y profesores e incentivar la cohesión de la comunidad a través de la socialización de los libros y los recorridos de la biblioteca ambulante que llega a zonas rurales apartadas donde no hay escuelas. Pero cuando llega, los niños, que apenas han visto un libro porque tampoco saben que es un profesor, inician la fiesta de la lectura y de la imaginación, gracias a Alfa y a Beto, los dos burros más listos de la región, responsables ahora de la educación de cientos de niños.

Si esto no es agitación desde la periferia, entonces ya me dirán ustedes qué es.


6 comentarios:

  1. Me parece estupendo y sobre todo ahora que recién leí una frase que decía sí:
    Cada vez que leemos un libro muere un burro.
    Habría que añadir el respeto a estos burros.
    Saludos.

    Jose Carlos.

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  2. Me encanta, lo leí en una crónica de Gatopardo que realmente conmueve. Y me los imaginaba parqueados afuera de la escuela con sus libros en el lomo; sin duda un aporte fanástico de educación, que viene de la mano -o de las patas en este caso- de los burros.

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  3. He leído el biblioburro, que me parece EMOCIONANTE. Ha de ser una experiencia que llena la vida ..... no del burro sino del profesor. Cuantas cosas hay por hacer y qué pocas hacen nuestros responsables políticos, culturales, etc... Ellos sí que son burros, sin biblio ... Su nombre debería ser Analfa y Anbeto. Un abrazo Mario

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  4. Me encanto! Ojalá que se convierta en un ejemplo, moda, o que de ahí salgan más ideas, para que el placer de la lectura llegue a todos nuestros niños. voy a subir tu nota a nuestro blog, hay algun inconveniente?
    saludos Brujula Metropolitana!

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  5. Ole con ole, me encanta saber de estas historias, siempre contrastan con lo que vemos día a día.

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  6. Estupendo artículo, enhorabuena por el blog!!!

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