jueves, 13 de mayo de 2010

La vuelta a Castellón en 80 citas


Afirma Antonio Valdecantos que para que la actuación humana sea considerada moral debe ser altruista y desinteresada, que el egoísta no es más que el estereotipo moderno del hombre inmoral. Es decir, un hombre que se define por tener por principal motivación el interés propio. Por lo tanto, en su opinión, lo que la moral moderna recomienda no es la largueza ni la caridad, sino el altruismo reglado y sistemático. Y  tampoco nos exige que seamos generosos con los bienes propios, sino que le basta con que uno cumpla con ciertos deberes generalizados, puesto que con nadie hay que ser más altruista que con los otros. Por eso la moral nace para contradecir al egoísta y para desprestigiarlo.

Vienen estas reflexiones al hilo de un reciente encuentro con estudiantes mantenido por Íñigo Lamarca, Defensor del Pueblo del País Vasco, en torno a los valores democráticos y el respeto a los derechos humanos. A la hora del coloquio me sorprendió escuchar la opinión de unos cuantos jóvenes, probablemente no compartida por el resto del grupo que permaneció silencioso. No pensé que también entre ellos hubiese gente con miras tan estrechas, incapaces de ver más allá de sus intereses individuales, ni de entender la expresión visible de la pluralidad y de la diversidad. Jóvenes pues incapaces de darse cuenta que hay personas que no tienen una vida como la suya, y que por lo tanto no hicieron más que repetir tópicos y prejuicios que en mi inocencia pensé superadas ya entre los jóvenes de hoy en día: el machismo, la homofobia, el racismo, el clasismo…

Comentaba en este encuentro Íñigo Lamarca que los valores básicos se adquieren a una edad muy temprana y que es entonces cuando quedan afianzados por lo que se escucha, por lo que se ve, por los comportamientos de los progenitores, en la familia más cercana y en los amigos, antes incluso que en la escuela. Pero escuchando los planteamientos de estos adolescentes es inevitable pensar si enfrentarles con testimonios distintos al suyo les provocará alguna reflexión. Me planteo si para ellos razones como las de Íñigo Lamarca traen consigo conocimiento, si serán capaces de plantear un conflicto entre sus argumentos y los que se les estaban presentando, si serán capaces de reconocer en algún momento que hay otros principios que en nuestra sociedad deben ser más válidos que los suyos.

Evidentemente hay jóvenes que no comparten estos prejuicios, pero éstos no hicieron valer su voz. ¿Por qué?

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